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viernes, 23 de marzo de 2018

EL COLOR DE LA LUZ, de Marta Quintín



DATOS TÉCNICOS:

Título: EL COLOR DE LA LUZ
Autor: Marta Quintín
Editorial: Suma de Letras
Colección: Femenino singular
ISBN: 978-84-9129-028-5
Páginas: 432
Presentación: Rústica con solapas






De vez en cuando se me acumulan una serie de lecturas densas, bien por el modo en que están narradas, bien porque las tramas son desesperantes, de esas que te quitan el sentido y no te dejan respirar hasta que las terminas. Es entonces cuando tengo que mirar a otros lados, ver qué se cuece en el panorama editorial y qué ingredientes utilizan. Y no es fácil, porque en España se publica mucho y no siempre es bueno, por lo que esto de elegir, y más si lo quieres hacer en compañía, se convierte prácticamente en un deporte de riesgo. 

Así fue como buscando, de entre una larga lista de títulos que llamaron mi atención, uno destacaba sobre los demás por los requisitos que andaba buscando: El color de la luz. Necesitaba un libro fresco que me sacara del pozo de asesinatos y venganzas en que andaba metida. No, no voy a decir a estas alturas que su portada me llamó la atención aunque sí que lo hizo, porque hay que estar muy ciega para no darse cuenta que es preciosa, pero me niego unirme a esa legión de lectores que fibrilan con las cubiertas de los libros y llegan a asegurar que esa fue la razón que les llevó a leer tal o cual novela, porque, a fin de cuentas, una portada es simplemente el envoltorio que forra un regalo, prescindible una vez que descubrimos lo realmente importante, aquello que durante unas horas nos hará más o menos felices y que, las menos de las veces, recordaremos de por vida.

Días después la editorial me invitó a un "Encuentro" con la autora y no me pude resistir. Intuía que en el libro había mucho de ella y necesitaba preguntárselo. Por otro lado, la veía tan joven, que me generaba ternura y admiración a partes iguales. Y fue un acierto, porque pude resolver mis dudas y disfrutar de unas horas de diversión con algunas blogueras que también acudieron a la cita. Mejor plan imposible, ¿verdad?.



Marta Quintín Maza (Zaragoza, 1989) Descubrió su faceta de "contadora de historias" a los cuatro años, cuando en la clase de párvulos la eligieron para contarle un cuento a sus compañeros. Desde entonces, no ha hecho otra cosa. O eso cree. El caso es que luego empezó a escribir y ganó varias veces el premio Tomás Seral y Casas de relato corto.

En su faceta periodística, ha trabajado (y ha seguido contando historias) en la agencia EFE, la Cadena SER, y la NASA española. Y de ahí dió el salto a la novela, publicando su primera “Dime una palabra”, cuando todavía vivía en Nueva York. En febrero de este año ha vuelto a publicar, en este caso, “El color de la luz” y está claro que todavía le queda mucho que contar.




«La tarde de otoño estaba fresca. La humedad de la lluvia aún pendía del aire. Las hojas caídas se arremolinaban en las aceras del bulevar de su vieja ciudad. Martín y Blanca Luz empezaron a caminar, el uno al lado del otro, como aquella otra tarde en que volvieron juntos a casa por primera vez, no demasiado deprisa, disfrutando del paseo y de la atmósfera que se esponjaba a su alrededor.»

Blanca Luz Miranda es una empresaria de éxito. Su objetivo: amasar una gran fortuna para comprar arte. La adquisición, en una subasta de Nueva York, de uno de los cuadros más inquietantes del pintor Martín Pendragón cumplirá el sueño de esta anciana de ojos enigmáticos. En esa misma sala una periodista observa la escena con interés, está convencida de que tras ese pago millonario se esconde un secreto y hará todo lo posible por descubrirlo. Lo que no sabe es que será Blanca Luz quien decida cómo se escribe su historia.

Una novela llena de matices, veladuras, fricciones, secretos, que nos descubre que toda obra de arte esconde una historia que puede redimirnos.
 





Siendo prácticamente una niña, porque no creo que tuviese más de doce o trece años, la madre de una amiga nos llevó a ver la película Lo que el viento se llevó. Al salir del cine ambas estábamos absolutamente impresionadas. Durante días no dejamos de hablar de otra cosa que no fuera la historia, estableciéndo paralelismos, hasta el punto de que mi amiga me llamaba Escarlata y yo a ella Melania. Y su madre, una enamorada de la película, también participaba de nuestras conversaciones. Al poco tiempo, viendo nuestro entusiasmo, nos regaló a ambas el libro. Era un tocho que, si mal no recuerdo, superaba las mil páginas y que incluso tenía fotografías en blanco y negro de la película. Lo devoré. Y lo hice porque más allá de narrar una historia fascinante, había descubierto algo que afectaría a mis futuros gustos lectores: había encontrado una protagonista de tronío, una mujer caprichosa, egoísta y todos los adjetivos que le queráis poner, pero con un carisma capaz de levantar una novela por sí misma, porque con sus actos, acertados o errados, te tenía siempre con el alma en vilo.

Pues algo así me ha sucedido con esta novela que en nada se parece a la anterior: he descubierto una protagonista de un golpe, gracias a la que todo lo que sucede en la novela gira en torno a ella, por acción u omisión. Una mujer capaz de influir, para bien o para mal, en la vida de otros. Determinante como nadie y nada arquetípica. Y cuando, además, está rodeada de otros personajes mucho más "amables", a los que acabas queriendo por muy ficticios que sean, todavía te sorprende más.

Esta mujer no es otra que Blanca Luz Miranda, a la que conocemos nada más empezar a leer siendo ya octogenaria. Una casualidad hace que una becaria de una agencia de noticias se fije en ella y quiera hacerle una entrevista y esta se produce. Quizás porque la que se cree más lista de las dos, obviamente la joven, creyendo que ha encontrado una mina de oro con la que poner en valor sus dotes como escritora, no había reparado en que Blanca Luz andaba buscando una herramienta para poder poner blanco sobre negro la historia de su vida.

Pero vayamos por partes, porque El color de la luz ha resultado para mí una novela muy, muy especial y quiero ofrecer un decálogo de razones por las que deberías leerla. Y eso que encontrar tantas es bastante complicado. Por lo menos para mí. Si bien es cierto que es más fácil cuando se trata de una joya de la literatura, o de un clásico en el que se dan, además, una serie de circunstancias especiales, que con una novela actual donde la cosa se complica. Si bien es cierto que hice este mismo ejercicio no hace mucho y podéis decirme que parece que me haya abonado a la fórmula, en mi descargo diré que con Lena, de Daniel Vázquez Sallés, era la primera vez que lo intentaba en todos los años que llevo por estos mundos blogueriles. No obstante, entiendo que debo intentarlo de nuevo, porque El color de la luz bien merece el esfuerzo por los buenos ratos que he pasado mientras andaba perdida entre sus páginas:




1.- EN EL PUNTO DE PARTIDA: La novela comienza con una impactante escena: Blanca Luz Miranda, una empresaria octogenaria que ha levantado un imperio textil de la nada, suscita una lucha sin cuartel en una casa de subastas neoyorquina durante la puja por un cuadro de un afamado pintor español: Martín Pendragón. A todas luces, dado su precio de salida, el importe del mismo se ha disparado, pero eso parece darle igual a la anciana, quien finalizada la subasta, agarra el lienzo como si siempre hubiese sido suyo y se va, causando expectación y admiración entre quienes asisten al evento y en particular en una joven periodista que trabaja como becaria en una agencia de noticias española y que está cubriendo el acto.

Esto será el inicio de un prólogo en el que conoceremos más a la joven en cuestión y quizás una de las partes de la novela que ha suscitado más debate entre el grupo #SoyYincanera, quizas por el particular estilo de la autora, del que ya hablaré más adelante. El caso es que quizas, gracias al "Encuentro" que mantuvimos algunos blogueros con Marta Quintín, este prólogo, narrado en primera persona, es la parte más real de la historia, porque según nos comentó, la idea del libro le surgió tras asistir a la subasta de El Grito de Munch, que se vendió por ciento veinte millones de dólares, convirtiéndose en récord de cotización. Esa tesitura le dió pie a pergeñar, de vuelta a la redacción, el embrión de lo que más tarde se convertiría en una historia apasionante, al darle una vuelta de tuerca a la idea al plantearse qué razones podían llevar a una persona para pagar un precio escandaloso por un cuadro. Y así nació Blanca Luz Miranda.

Pero ese prólogo, como os decía, también nos da pié a conocer algo más de la autora, como que ese profesor de literatura del que habla en el mismo y también existe en la vida real, el mismo que le aconsejaba en los mismos términos en que lo hace en el libro o esa compañera de piso impagable, Leidy, que considero que debería patentar, digna de sacar una carcajada en mitad de la intriga.



2.- EL MOMENTO HISTÓRICO: Cuando conocemos a Blanca Luz Miranda, ella es una octogenaria y corre el año 1982. Como comprenderás, El color de la luz abarcará un periodo de tiempo de casi un siglo. Eso sí, no vayas a considerar que se trata de una novela histórica, porque no lo es, sino un paseo fascinante por un siglo, el XX, al que se denominó «Siglo de la Vanguardización» y no fue de manera gratuita. Por ello, y de manera soberbia, seremos testigos de excepción de aquella vanguardia parisina de los años veinte que hizo de la pintura su piedra angular y de la vida bohemia su leitmotiv. De la mano de Martín Pendragón penetraremos en La Ruche y seremos uno más, pero también le acompañaremos en ese París ocupado por los nazis, sufriendo con él y con sus compañeros la presión ejercida por los alemanes, empeñados en sepultar las obras que les resutaban perturbadoras y que consideraban una degeneración. Y lógicamente, en España, la Guerra Civil hará estragos, pero también presenciaremos alguna escena conmovedora, como la protagonizada por Francisco Miranda, padre de la protagonista, que te dejará con el corazón en un puño.



3.- LOS PERSONAJES: Una de las características más relevantes de la novela es su espléndida galería de personajes, en la que se combinan individuos de ficción con algún que otro real. De hecho, cuando más se observa esta práctica de incluir personas reales a la historia, se da cuando la trama se traslada a París. Allí Martín Pendragón conocerá a Jean Boucher, Marc Chagall o Chaïm Soutine, entre otros. Pero, ¿qué podría deciros de esos personajes ficticios que me han ido enamorando, en su mayoría, a los largo de estas más de cuatrocientas páginas? Todavía, a pesar de los días que han pasado desde que leí la novela, vienen a mi mente escenas protagonizadas por Francisco Miranda, José María Casabella (Chema) o Eduardo Izquierdo y no puedo evitar seguir sintiendo cariño, porque están tan bien perfilados, tanto en lo físico como en lo psicológico, y tienen unas personalidades tan definidas que han ido cobrando vida en mi cabeza. Porque parecerá mentira, pero en una novela donde hay dos grandes protagonistas, como son Martín Pendragón y Blanca Luz Miranda, los secundarios no actúan como comparsa, sino que tienen un peso importante en la trama. Obvio es que hay otros, menos importantes que los citados, que tienen su papel en un momento determinado y, hasta ellos, tienen ángel. Ya os comenté anteriormente el caso de Leidy o el profesor de la periodista, pero son muchos más, que me gustaría que conocieras y me comentases si te ha ocurrido lo mismo.





4.- EL PROTAGONISTA EN LA SOMBRA: No es otro que el cuadro por el que puja Blanca Luz, un lienzo que hace las veces de hilo conductor a lo largo de toda la novela, del que lo queremos saber todo porque se nos ha descrito con profusión de detalles, pero, sobre todo, porque es donde Martín Pendragón ha volcado su alma y una tabla de salvación a la que ella puede aferrarse para redimir todos sus errores del pasado.



5.- LA TRAMA: Dice Marta Quintín que lleva desde los cuatro años contando historias. Y se nota. Se nota porque la historia que nos ha regalado tiene una gran calidad por su generosidad. Porque más allá de querer sorprendernos capítulo a capítulo, nos trata de igual a igual, a golpe de descubrimiento. Porque eso es lo que ella hace: descubrirnos un mundo de emociones donde la pintura, el talento, la cultura, la bonhomia de unos personajes se aúnan para ofrecernos una lectura con una profundidad intelectual y emocional sin parangón.

6.- LA ESTRUCTURA DE LA NOVELA: La novela se divide en prólogo, trece capítulos y un epílogo aunque no sigue un orden cronológico lógico, toda vez que comienza in media res, para enseguida trasladarse al pasado, donde en ese caso sí se ciñe a la cronología de los hecho, para terminar en lo que sería el futuro teniendo en cuenta el principio de la obra. Visto así, parece sencillo, pero os aseguro que es mucho más complejo de lo que aparenta. A fin de cuentas, la estructura de la novela es el armazón que sostiene la obra y la de El color de la luz brilla por su cohesión y consistencia. Parte del esquema clásico, perfectamente definido y que en este caso ayuda a mantener la tensión narrativa, con un ritmo lento que va embaucando al lector, que cada vez quiere saber más y más mientras no dejan de sucederse diferentes subtramas, hasta llegar al clímax: planteamiento (aparece en el prólogo, cuando Blanca Luz y la periodista se conocen y deciden dar a conocer la historia vital de la primera, echando a rodar la historia y donde ya podéis intuir los temas que se van a tratar, porque son varios), nudo (a lo largo de los trece capítulos que componen la historia, no solo conoceremos a los protagonistas, sino a un elenco de personajes espectacular. Seremos conscientes de los conflictos que surgen y el modo en que los enfrentan) y desenlace (un epílogo magistral que cierra con broche de oro todos los frentes). 

7.- EL ESTILO DE LA NOVELA: Si hay algo que llama la atención en esta novela desde la primera página es su lenguaje. Cuidado al máximo y utilizado con mimo, dado que de su riqueza se derivan los distintos registros que utiliza la autora dependiendo de quien hace de interlocutor. Por ejemplo, cuando la protagonista se dirije a la periodista, es formal, dotando a la narración de una hermosura poco habitual y, por lo tanto, muy por encima del lector común; sin embargo, cuando es a la inversa, este se torna coloquial, tirando a vulgar. Ambos aspectos se aprecian a la no solo a la hora de escoger las palabras y sus correspondientes sinónimos, sino en la manera de construir las frases. No obstante, en general, la prosa está muy elaborada, al hacer uso de numerosos recursos estilísticos, que he ido degustando poco a poco, disfrutando de cada párrafo, de cada línea y que es capaz de convertirse en un océano de lirismo cuando intenta transmitir sentimientos y sensaciones, ya sean por el amor o desamor que se profesan los protagonistas o cuando se describe una pintura, en la que resulta espectacular la nitidez con la que la autora es capaz de detallar cualquier peculiaridad.




8.- EL AMOR IMPOSIBLE COMO TEMA DE FONDO: Del mismo modo que los personajes de El color de la luz no son arquetípicos, tampoco lo es el tratamiento que tanto del amor como del desamor nos ofrece Marta Quintín al narrarnos la relación de Blanca Luz Miranda y Martín Pendragón.

Si me preguntas si ambos protagonistas vivieron una historia de amor, tengo que decir que sí. Una pasión adolescente y, sin embargo, cándida. La personificación del primer amor, puro, sutil y sin fisuras. Sin embargo, imposible de perpetuarse en el tiempo. Y los obstáculos con los que se toparon los enamorados no sobrevinieron precisamente por cuestiones ajenas a ellos, sino precisamente por todo lo contrario. Sí es verdad que cuando el padre de ella descubre la relación y el grado de intimidad al que los jóvenes han llegado, hace mutis por el foro y busca una estrategia para separarlos, dado que ambos conviven en su propio domicilio. Y su estrategia pasa por proponerle a Martín que viaje a París, para avanzar en su arte y este no se lo piensa dos veces y decide emprender el viaje. Con lo que no cuenta el chico es que Blanca Luz no le seguirá y que, muy al contrario, romperá su relación. Comenzará entonces una agonía para él en la que el paso del tiempo no ayudará a paliar el dolor mientras ella intenta emprender una nueva vida.

Y resulta conmovedor como ese dolor se mantiene, por parte de él a lo largo de décadas y de cómo ella sobrelleva sus decisiones. Porque cuando sus caminos confluyen, la nostalgia se adueña de la situación y se aviva como esos rescoldos que siempre quedan después de un gran fuego.



9.- LA TEMÁTICAS QUE ABORDA LA NOVELA: Dada la extensión de la novela, son muchas y muy variadas: ya hemos hablado del amor y el desamor, pero tiene también un papel predominante la amistad, los celos, la envidia, el pánico a esas decisiones que pueden arruinarte la vida, la persecución de los sueños, la guerra y sus consecuencias... en fin, tantos y tan variados que darían lugar a mil y un debates.

10.- Y si todavía no te he convencido, es porque o yo lo hago muy mal, o tú no tienes remedio. O seguro que en el camino me he dejado algo, pero si es esta última la razón, te agradecería que te pasaras por el resto de reseñas que ha publicado hoy el grupo #SoyYincanera.



 
Si lo que deseas es acercarte a la pasión auténtica, no te conformes con la Semana Santa. Cómprate un ejemplar de El color de la luz y la percibirás en estado puro, la notarás, la palparás, la sentirás, la escucharás, la observarás y la saborearás, porque de esta historia, escrita con los cinco sentidos, emanan los sentimientos más sublimes y te permitirá revivir las sensaciones más intensas. ¿A qué esperas?




Esta reseña participa en la iniciativa
:

lunes, 19 de marzo de 2018

CUANDO SALE LA RECLUSA, de Fred Vargas



DATOS TÉCNICOS:

Título: CUANDO SALE LA RECLUSA
Autora: Fred Vargas
Traductora: Anne-Hélène Suárez Girard
Editorial: Siruela
Colección: Nuevos Tiempos
ISBN: 978-84-17308-12-4
Páginas: 408
Presentación: Rústica con solapas



El 14 de febrero salió a la venta Cuando sale la reclusa y, días antes, ya estaba nerviosita perdida esperando tenerla entre las manos, porque hace años que me convertí en una incondicional de esta autora, que me sorprende y me divierte a partes iguales con cada una de sus novelas y nunca me decepciona. La razón es muy sencilla: Fred Vargas escribe muy bien, nada en sus novelas es trivial aún cuando en mitad de una reunión en "el Concilio", mientras la brigada se pone al día en el curso de una investigación, la hilaridad esté más que presente.  Sus descripciones, ya sean de un lugar, de algo o de alguien en concreto son profundas y, lo que es más importante: es muy original; de hecho, posiblemente, una vez que la conozcas, sabrás que nunca vas a leer nada igual y esperarás sus novelas como agua de mayo como me sucede a mi.

Y también quiero decirte algo más antes de pasar a hablar de esta novela en concreto: aunque comiences la serie del Comisario Adamsberg por este libro, el último publicado hasta la fecha, no necesitarás ponerte al día, porque contextualiza lo suficientemente bien como para que cojas el hilo desde el primer momento. Y una vez lo que lo hayas hecho, te enamorarás tanto del comisario como del último miembro del equipo que tiene a su cargo, incluído ese gato al que llaman "la Bola", porque no habrás conocido ni conocerás nada semejante. ¿Empezamos?




Fred Vargas, pseudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau (París, 1957). Fred es el diminutivo de Fréderique, lo del Vargas es harina de otro costal, pues fue su hermana Jo (diminutivo de Joëlle), quien tomó el alias de un personaje de la película La princesa descalza, protagonizado por Ava Gardner.

Investigadora de Historia y Arqueología en el CNRS (Centro Nacional de Investigaciones Científicas), publicó una tesis con la editorial Presses Universitaires de France, titulada Los caminos de la peste.

Traducida a más de cuarenta idiomas, desde hace más de una década, es una de los diez autores franceses más vendidos en su país, y sus novelas se han convertido en bestsellers tanto en Alemania como en Italia.

Ha publicado ensayos, obras de carácter científico y otras series de trabajos, pero por lo que sin lugar a dudas se ha hecho muy popular es en el terreno de la novela policíaca, con novelas como:

- Los juegos del amor y de la muerte (Les Jeux de l'amour et de la mort, 1986). No publicada en español.

- Los que van a morir te saludan (Ceux qui vont mourir te saluent, 1994.


Serie “Los tres evangelistas”:
 
- Que se levanten los muertos (Debout les morts, 1995.
- Más allá, a la derecha (Un peu plus loin sur la droite, 1996.
- Sin hogar ni lugar (Sans feu ni lieu, 1997.


Serie del Comisario Adamsberg:
 
- El hombre de los círculos azules (L'homme aux cercles bleus, 1991).
- El hombre del revés (L'homme à l'envers, 1999.
- Los cuatro ríos (Les quatre fleuves, 2000).
- Huye rápido, vete lejos (Pars vite et reviens tard, 2001).
- Fluye el Sena (Coule la Seine, 2002).
- Bajo los vientos de Neptuno (Sous les vents de Neptune, 2004).
- La tercera virgen (Dans les bois éternels, 2006).
- Un lugar incierto (Un lieu incertain, 2008).
- El vendedor de estropajos (Le marchand d'éponges, 2010).
- El ejército furioso (L'Armée furieuse, 2011).
- Tiempos de hielo (Temps glaciaires, 2015).
- Cuando sale la reclusa (Quand sort la recluse, 2017).

Algunas de sus novelas se han adaptado para el cine (Huye rápido, vete lejos) y la televisión (Bajo los vientos de Neptuno, El hombre de los círculos azules, El hombre del revés y Un lugar incierto), así mismo, ha recibido numerosos premios y reconocimientos.

El comisario Jean-Baptiste Adamsberg, tras unas merecidas vacaciones en Islandia, se interesa de inmediato a su regreso a Francia por la muerte de tres ancianos a causa de las picaduras de una Loxosceles rufescens, más conocida como la reclusa: una araña esquiva y venenosa, pero en ningún caso letal. Adamsberg, que parece ser el único intrigado por el extraño suceso, comienza a investigar a espaldas de su equipo, enredándose inadvertidamente en una delicada y compleja trama, llena de elaborados equívocos y profundas conexiones, cuyos hilos se remontan a la Edad Media. Un caso elusivo y contradictorio que se escapa a cada momento de las manos del comisario, haciéndole regresar a la casilla de salida. Solo sus intuiciones, tan preclaras como dolorosas, serán capaces de devolverle la confianza que necesita para salir ileso de la red tendida por la más perfecta tejedora...

Cuando sale la reclusa es sin duda la obra más ambiciosa de Fred Vargas, la reina indiscutible de la novela negra europea. En ella se entrecruzan con maestría todos los temas que han convertido la publicación de cada una de sus novelas en un auténtico acontecimiento literario, tanto para la crítica como para los lectores: el medievo, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y, por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los oscuros laberintos del alma humana.


Si nunca has leído ninguna novela de Fred Vargas, has de saber que en cualquiera de ellas el protagonismo lo ostenta, por definición, Jean-Baptiste Adamsberg y después, en mayor o menor medida, el resto de los policías que con él trabajan en la Brigada Criminal, sección de homicidios del distrito 13 de París. Os los presento:

- Jean-Baptiste Adamsberg: Procede de los bajos Pirineos. Se hizo policía con veinticinco años, aunque tardó veinte hasta que lo trasladaron a París. En principio, en una comisaría del distrito 5, para pasar después a convertirse en Comisario de la Brigada Criminal, sección de homicidios, del distrito 13. Solitario, austero y asocial, tiene dificultades a la hora de recordar palabras, algo inversamente proporcional cuando se trata de imágenes. Dotado de una intuición abrumadora, su nivel en cuanto a resolución de casos es espectacular. Tiene un instinto muy desarrollado, por lo que su modo de vivir, hacer y trabajar es impulsivo, guiándose de sus corazonadas y su olfato. No soporta estar sentado, necesita caminar continuamente. Y dibujar. O mirar paisajes uniformes y brumosos. De ese modo es como mejor resuelve las incógnitas que la vida le ofrece. No es de dar explicaciones, le cuesta la vida. Con un físico bastante corriente (es bajo de estatura, moreno y pequeño), tiene un cierto atractivo, a pesar de que su rostro no sea un alarde de belleza: a unos pómulos sobresalientes, habría que añadirle unas mejillas hundidas, la boca torcida y una nariz aguileña a lo que no ayuda nada esa mirada inconsistente que posee y su sonrisa vaga.

- Comandante Adrien Danglard: Trabaja con Adamsberg desde hace años y es lo más antagónico a él que puede existir, tanto en lo físico como en lo personal. También son amigos, aunque últimamente, precisamente son sus diferencias las que los separan y eso está afectando al grupo. En la comisaría le llaman «el hombre libro», porque es capaz de memorizar todo aquello que lee una sola vez y leer a una velocidad pasmosa. Es metódico, le gusta citar a sus autores de cabecera, y es perfecto en cuanto a forma y estilo a la hora de  redactar informes, que sus superiores consideran excepcionales. Posee una educación exquisita y es elegante, aunque no simpático. Dada su erudición, será quien se ocupe de dar al resto de compañeros toda la información indispensable sobre las mujeres reclusas en la Edad Media. Físicamente no es ni guapo ni atractivo; es corpulento, aunque no está fuerte ni fibroso. Bebe bastante, tanto vino como cerveza, aunque esto no afecta a su faceta intelectual. Está divorciado y se ocupa él solo de cuidar de sus dos parejas de gemelos y de otro hijo de su mujer, que le dejó antes de abandonarle.

- El resto de la brigada, que aunque en principio son veintisiete hombres, no todos trabajarán en este caso. Os presento a los que intervienen en este caso en concreto: el comandante Mordent, que junto con Danglard, es uno de los pesos pesados de la brigada, dada su graduación; la teniente Violette Retancourt, la diosa polivalente de la brigada y ojito derecho del comisario, a la aprecia mucho siendo este un sentimiento mutuo, al que habría que añadir el de la lealtad por encima de cualquier duda razonable. Es muy corpulenta, y aunque no podría decirse que es guapa exactamente, tiene una nariz recta y estrecha, unos labios perfectos y los ojos de un azul intenso. Es decidida e inteligente; el teniente Mercadet, un hipersomniaco que necesita dormir cada tres horas, lo que no quita para que a la vez sea un brillante informático, aunque a años luz de la teniente Hélène Froissy, una investigadora nata que se verá involucrada en un episodio de violación, el teniente Voisenet, amante de la zoología, que aunque buen policía, tiene una vocación frustrada: la de ictiólogo. Es un hombre menudo, de piernas cortas, tez rubicunda y melena negra y el primero en descubrir el caso de las reclusas; o el arrogante y curtido teniente Noêl Kernorkian; o el disléxico cabo Estalère, el de los grandes ojos verdes, que se podría decir que adora al comisario, entre otras cosas porque le permite hacer aquello para lo que más vale: surtir de café al resto de la plantilla, haciendo de ello un auténtico ritual porque le sirve a cada uno el café exactamente como lo desea y cuando lo desea y el teniente Louis Veyrenc, paisano del comisario, un hombre tranquilo y amable, con una más que apreciable agilidad mental. Tiene una característica física que le hace único: catorce mechas en el cabello, castaño oscuro, de un color rojo muy vivo e intenso, que le salieron como consecuencia de unos navajazos en la cabeza que le propinó una pandilla de chiquillos cuando tan solo era un niño. Y luego estaría el gato, "la bola", que en esta ocasión está más mohíno de lo habitual, durmiendo encima de la fotocopiadora, que ya no pueden utilizar para no invadir su territorio, aunque mantienen encendida para que mantenga el calor.

Hechas las presentaciones de rigor, os diré que rara es la novela de Fred Vargas en la que no te encuentras con un asesinato en las primeras páginas. Obvio, me diréis, es lo habitual en una novela policíaca y más cuando el protagonismo lo encontramos en una Brigada Criminal y más en particular en la sección de Homicidios; sin embargo, en las novelas de la francesa se da esta particularidad, normalmente, a modo de aperitivo. Me explico: Cuando sale la reclusa comienza un sábado 28 de mayo con el doble atropello de una mujer de treinta y siete años, Laure Carvin, por un 4 x 4, cuando cruzaba una calle próxima a su domicilio al volver del trabajo. El resultado fue aplastamiento de cuello y piernas con muerte en el acto. El vehículo pertenecía a su marido, un rico abogado, que tenía coartada para esa hora y todas las sospechas recaen en su amante, Nassim Bouzid, un mecánico de máquinas distribuidora de bebidas, casado, y conocedor en principio de las costumbres del marido. 

Cuando estos hechos acaecen, el comisario Adamsberg se encuentra de vacaciones en la isla de Grímsey, en Islandia. Ante la petición del comandante Danglard adelanta su regreso, con bastantes reticencias, para hacerse cargo de la investigación, que se encuentra en punto muerto. A su vuelta, después de una reunión con el equipo, le ponen en antecedentes y haciendo caso de su intuición y tras unas comprobaciones, se resuelve el caso.

Y mientras Adamsberg discute con Voisenet en su despacho por un asunto menor, algo llama la atención del comisario. En el ordenador del teniente descubre la foto de una araña pequeña y parda, sin nada que llame la atención en su aspecto, aparentemente. Más tarde entra en un foro donde se comenta que han habido varias víctimas mortales por este tipo de araña, denominada "reclusa" y decide investigar.


Comienza entonces, junto con Louis Veyrenc aunque después se irán sumando los policías antes citados, una investigación fascinante, que les llevará a investigar las muertes de estas víctimas, todas de la comarca de Languedoc-Rosellón por veneno de reclusa Loxosceles Rufescens: 

- Albert Barral: Natural de Nimes, fallecido el 12 de mayo. 84 años de edad, agente de seguros, divorciado y con dos hijos. Se presentó en el hospital al día siguiente de la mordedura de la araña, con principio de necrosis, que se amplíó a lo largo de la noche y le afectó al riñón, a pesar de los fuertes antibióticos que le suministraron, así como el antídoto correspondiente, pero el loxoscelismo fue fulminante y murió.

- Fernand Claveyrolle: Natural de Nimes, fallecido el 20 de mayo. 84 años, profesor de dibujo, casado dos veces, divorciado sin hijos. 

- Claude Landrieu: Natural de Nimes, fallecido el 2 de junio. 83 años, chocolatero, casado tres veces y con cinco hijos. Cuando tenía 57 años, en 1988, fue interrogado en calidad de testigo espontáneo sobre la violación de una adolescente, Justine Pauvel, con cuya familia tenía una estrecha relación, cometida cuando la chica tenía dieciséis años, por tres hombres a la vez.

- Jeanne Beaujeu: mordida el 8 de mayo, solo tiene una llaga en proceso de cicatrización. 45 años.

- Léo: gruista, mordido el 26 de mayo, solo le salieron unas pústulas que ya se han curado. 80 años.  

Las pesquisas le llevarán a recabar información del doctor Pujol, un aracnólogo; es decir, un especialista en arañas y en particular de las Salticidae, que trabaja en el Museo de Ciencias Naturales. Se trata de un hombre grueso y barbudo, calvo y de expresión severa, que en el trato es engreído y grosero, pero eficaz a la hora de admitir que el veneno de la reclusa solo es letal en cantidades industriales, algo imposible de conseguir por el modo en que se desarrolla este animal. La visita al doctor le permite conocer, a su vez, a Irène Royer-Ramier, una anciana simpática e inteligente, que se ha desplazado también al museo por otro asunto, aunque alertada por el mismo caso, dado que está causando alteraciones en su localidad. Irène es bajita, artrítica y rechoncha, de rostro redondo y de aspecto bondadoso. A sus setenta años viste de manera descuidada y tiene un afinado sentido del humor. Es una apasionada de las arañas y convive con ellas porque las encuentra inofensivas, más cuando se trata de las reclusas europeas. Tiene su domicilio en Cadeirac, una localidad cercana a Nimes y comparte vivienda con Louise, otra anciana, que siente pavor por los arácnidos y padece una especie de agorabofia. 

Gracias a su relación con Irène, que anteriormente había vivido en Nimes, el comisario descubrirá que las dos primeras víctimas eran amigos y eso le llevará a tirar del hilo sobre sus antecedentes, resultando que los dos pasaron su infancia en La Miséricorde, un orfanato cercano a Nimes en el que uno de ellos, Fernand Claveyrolle, era el cabecilla de una banda bautizada con un singular nombre: la pandilla de las reclusas, a la que Albert Barral también pertenecía.

"Quien ha vivido por la reclusa, perecerá por la reclusa".

Y como es imposible dar con el antiguo director de La Miséricorde, porque murió hace años, el comisario habla con Roland Cauvert, psiquiatra infantojuvenil de profesión e hijo único del anterior. Se trata de un hombre muy singular, lleno de traumas infantiles porque que se sentía invisible para su padre, más ocupado por los otros niños. Se crió prácticamente con ellos, ya que iba a las mismas clases, acudía al mismo comedor, a todas las fiestas y participaba en las mismas peleas que los internos. En la actualidad vive en Mas-de-Pessac, a diecisiete kilómetros al norte de Nimes. Condenado al ostracismo, a sus 79 años, es soltero, poco sociable, iracundo y algo histérico. Pese a todo, le facilita un amplio dossier sobre La Pandilla de las Reclusas, con fotografías de sus víctimas. El primero de los horrores a los que vamos a asistir, porque más tarde pasarían a llamarse La Banda de los Violadores y que siguieron cometiendo felonías una vez abandonados los muros de la Misericordia, como adultos. Esto dió lugar a que surgiera, por afinidad, la Banda de los Mordidos.

Pero todo esto solo es el origen que Adamberg y sus hombres investigarán, lo mejor, o lo peor, depende como se mire, está por llegar, porque Cuando sale la reclusa es, sin lugar a dudas, la novela más valiente de todas las que Fred Vargas ha publicado hasta la fecha y donde se funden aquellos temas que más apasionan a la autora: desde la arqueología a la literatura; desde la historia y en particular la Edad Media al medio ambiente, sin obviar el mundo animal y la psicología.

También seremos consciente de todas las monstruosidades posibles, ya que ante nuestras retinas desfilarán las descripciones más crueles: desde las funestas mordeduras de reclusas a unos niños cuyo único pecado era que otros quisieran divertirse a costa de ellos, con fatales consecuencias, a las violaciones sistemáticas tanto de un padre a sus hijas, durante años, como lo que además hacía con la más pequeña de ellas, cuando, además, era demasiado pequeña. Y no serán las únicas.




Cada novela de Fred Vargas es algo más que un paso adelante, porque cada vez son más intensas y complejas. Si ya me maravilló Tiempos de hielo (por remitirme simplemente a la última), por el modo en que supo aunar un pacto de silencio entre los integrantes de una expedición al Círculo Polar Ártico con un club parisino de partidarios de la figura de Robespierre, en esta ocasión ha rizado el rizo, al ofrecernos un triple salto mortal con tirabuzón y doble pirueta. Triple, porque un mismo caso derivará en tres versiones de distintas bandas: la banda de las reclusas, la de los violadores y la de los mordidos. El tirabuzón vendría de la mano de la reclusa, una imponente tejedora, capaz de aglutinar toda la venganza del mundo y dosificarla a su conveniencia. La doble pirueta la encontramos en el comisario Adamsberg, que tiene que lidiar a la vez con una delicada investigación que le irá llevando, como pollo sin cabeza, de un lado a otro, buscando nuevas pistas cuando parecen agotadas las evidencias, como Dédalo en su laberinto y con un equipo que se está resquebrajando a marchas forzadas, instigado por la persona en la que más confía. Así que ya lo sabéis, el cóctel está servicio y os aseguro que es delicioso.




viernes, 9 de marzo de 2018

LA SEMILLA DE LA BRUJA, de Margaret Atwood


DATOS TÉCNICOS:

Título: LA SEMILLA DE LA BRUJA
Título original: Hag-Seed
Autora: Margaret Atwood
Traductor: Miguel Temprano García
Editorial: Lumen
ISBN: 978-84-264-0440-4
Páginas: 336
Presentación: Rústica con solapas



Cuando Carmina y yo nos enteramos que Margaret Atwood formaba parte del proyecto Hogarth Shakespeare y que iba a publicar su novela con Lumen, no dudamos ni un momento para ponernos en contacto con la editorial Lumen y organizar una Lectura Simultánea de la obra, pues entendíamos que tanto para quienes nos íbamos a estrenar con la autora, como quienes ya la habían leído, sería una ocasión de lujo para participar en una iniciativa magnífica, que a nadie dejaría indiferente.

Para quienes no sepáis de lo que os hablo, este proyecto nació para rendir homenaje a William Shakespeare con ocasión de los fastos organizados al cumplirse el 400 aniversario de su muerte en 2016. Los responsables del proyecto contactaron con los escritores internacionales que ellos entendieron más prestigiosos para proponerles reescribir alguna de sus obras. En principio, las más emblemáticas y, hasta la fecha, se han publicado los siguientes títulos:
1.- Jeanett Winterson, reinterpreta Cuento de invierno con su novela El hueco del tiempo.
2.- Anne Tyler, que reinterpreta La fierecilla domada con su nueva versión titulada Corazón de vinagre.
3.- Margaret Atwood, con La semilla de la bruja versiona La tempestad.

A las que se unirán:
4.- Tracy Chevalier, con Otelo
5.- Jo Nesbo, con MacBeth.
6.- Howard Jacobson, con El mercader de Venecia.
7.- Gillian Flynn, con Hamlet.
8.- Edward St. Aubyn, con El rey Lear.

Las obras de The Hoghart Project se publicarán en más de una veintena de países: Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, India, Sud África, Australia, Nueva Zelanda, Noruega, Italia, Ámsterdam, República Checa, China, Corea, Serbia, Polonia, Suecia, Alemania, Taiwán, Dinamarca, Eslovaquia y Rusia. En España las publicará la editorial Lumen.

LA AUTORA:
Margaret Eleanor Atwood (Ottawa, 1939), además de una prolífica poetisa, novelista, crítica literaria, profesora y activista política canadiense, es una de las escritoras más prestigiosas del panorama internacional. Ha escrito novelas de diferentes géneros, ensayos, relatos y libros de poemas. También guiones para televisión, como The Servant Girl (1974) y ensayos como Days of the Rebels: 1815-1840 (1977). Es miembro del organismo de derechos humanos Amnistía Internacional y una de las personas que presiden BirdLife International, en defensa de las aves.
Empezó a escribir a los dieciséis años. En 1957 inició sus estudios universitarios en la Victoria University de Toronto, graduándose en 1961 como licenciada en filología inglesa. Meses después, tras ganar la Medalla E.J. Pratt con su poemario Double Persephone, continuó con sus estudios de postgrado en el Radcliffe College de la Universidad de Harvard, con una beca de investigación Woodrow Wilson y obteniendo un máster.
Ha impartido clases en la Universidad de British Columbia, en la Universidad Sir George Williams de Montreal, en la Universidad de Alberta, en la Universidad de York de Toronto y en la Universidad de Nueva York. 

Entre sus obras en español se encuentran:
  • La mujer comestible (1969),
  • Los diarios de Susanna Moodie (1970)
  • Juegos de poder (1971)
  • Resurgir (1972),
  • Doña Oráculo (1976),
  • Chicas bailarinas (1977),
  • Asesinato en la oscuridad (1983),
  • El huevo de Barba Azul (1983),
  • El cuento de la criada (1985),
  • Ojo de gato (1988),
  • La novia ladrona (1993),
  • Alias Grace (1996),
  • El asesino ciego (2000),
  • Oryx y Crake (2003),
  • Penélope y las doce criadas (2005),
  • La maldición de Eva (2006),
  • Desorden moral (2006),
  • Érase una vez (2007),
  • El año del diluvio (2009),
  • Pagar con la misma moneda (2009),
  • Nada se acaba (2015).
  • Por último, el corazón (2016)


SINOPSIS:
«Cuando eres joven, crees que todo es posible. Te mueves en el presente, jugando con el tiempo como si fuera un juguete a tu disposición. Piensas que puedes deshacerte de cosas y personas, y aun no sabes bien que tienen la mala costumbre de volver.»
Es un lunes cualquiera de enero de 2013 y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos este hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad.
Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. De a poco, ensayo tras ensayo, los chicos de Fletcher, que quizá nunca antes habían oído hablar de Shakespeare, convierten la obra en algo muy personal. Ahí se encuentran con sus fantasmas y con algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.


IMPRESIONES:

Normalmente no me gustan las versiones que se hacen en literatura (en música es otra historia) y, sin embargo, cuando tuve conocimiento del proyecto Hogarth Shakespeare sentí una atracción indescriptible sobre lo que se podría llevar a cabo en esta iniciativa. Me apetecía mucho leer lo que algunos de los escritores elegidos podían hacer al reescribir las obras del Bardo de Avon y mi gran sorpresa fue descubrir que entre todos ellos refulgía, con un brillo especial, el nombre de Margaret Atwood, ya que era la ocasión ideal para conocer a una escritora de la que todo el mundo llevaba hablando mucho tiempo y lo hacía en positivo. Todavía guardo, a la espera de lectura, su archiconocido El cuento de la criada, pero esta era una ocasión de gala para conocer su prosa junto al grupo #SoyYincanera y quería aprovecharla, con ellos.
El problema me vino cuando fui consciente de que no había sabido medir bien mis tiempos. Aunque he leído unas cuantas obras del genio inglés, La tempestad no había sido una de ellas y mi temor se hizo patente cuando comenzamos oficialmente la Lectura Simultánea y aún no lo había hecho. ¡Menos mal que me leí la reseña que sobre La semilla de la bruja escribió Mientrasleo!, porque en ella nos decía que no era necesario haberlo hecho, aunque no estaba de más, lógicamente. Eso me quitó un peso de encima, aunque no las tenía todas conmigo.
Pero fue empezar a leer y dejarme llevar. Capítulo a capítulo descubría a una autora fascinante, capaz de embaucarte en una historia convicente, emotiva y emocionante y un estilo arrebatador desde ese prólogo fechado un miércoles, 13 de marzo de 2013, en el que los internos del Correccional Fletcher van a interpretar La Tempestad, de William Shakespeare.
Pero claro, antes de llegar a esta parte, tendría que contaros todo lo que sucedió hasta entonces, que no es otra que la historia de Felix, director artístico del Festival de Makeshiweg, en Ontario donde cada temporada representa una obra del dramaturgo inglés. Además, es viudo y, hasta hace nada, padre de una niña que acaba de morir con tan solo tres años, víctima de una meningitis. Semejante desgracia, que le ha sobrevenido sin reponerse aún de la de la muerte de su esposa, le ha hecho volcarse en una nueva producción: la de La Tempestad, en la que él va a ser el protagonista, representando a Próspero y que será la más atrevida y audaz de cuantas se han escenificado hasta la fecha.
No obstante, dicen que las desgracias nunca vienen solas y aprovechándose de su debilidad, Tony, su mano derecha, la persona que se ocupa de hacer viables las ideas del genio, decide traicionarle robándole su puesto. Cuenta con el apoyo de la Junta Directiva y del Ministro de Cultura, Sal O´Nally, con quien Felix, desde que eran niños e iban a la escuela juntos, ha rivalizado. No hay nada que hacer. Y Félix tira la toalla, después de que unos guardias de seguridad le pongan de patitas en la calle. Sin paliativos.
Decide entonces abandonarlo todo y recluirse, durante años, en prácticamente una choza que ha encontrado en el camino mientras conducía, a la deriva, su viejo Mustang descapotable. Comenzará así su lúgubre exilio y aflorará su necesidad de venganza.
«Qué bajo ha caído. Qué humillación. En qué poco se ha quedado. Sobreviviendo a duras penas, malviviendo en un cuchitril, ignorado en un lugar olvidado; mientras Tony, ese mierdecilla pomposo que es pura pose, se codea con los grandes y traga champán y engulle caviar y lenguas de alondra y cochinillo, y asiste a galas y disfruta de la adoración de su camarilla, sus lacayos, sus aduladores…». (Página 20).  

Y van pasando los años. Y Félix, en su tremenda soledad, se refugia en la nostalgia. Y esta coquetea con la fantasía, hasta el punto que comienza a maquillar su existencia para hacerla más liviana idealizando su triste supervivencia al lado de su hija, hasta que comprende que ha tocado fondo y que necesita volver a la realidad. Gracias a internet, encuentra un trabajo en una cárcel cercana, donde se lleva a cabo un programa de reinserción de presos por medio del teatro y entabla una gran amistad con Estelle, la responsable del programa. También será la red la herramienta que le permita seguir los pasos de los que antaño le traicionaron, en especial, Toni.
Cada temporada representan en el penal una obra de William Shakespeare y, a medida que esto sucede, Felix irá conociendo más y mejor a los reclusos, entre quienes goza de una gran aceptación. Doce años después de su destierro voluntario, Estelle le desvela en la última de las muchas citas que mantienen a lo largo de los años, que el programa de reinserción está en el punto de mira de los políticos y que ha hecho gestiones para que dos ministros del ramo acudan al correccional para asistir al estreno de su próxima obra. Estos no son ni más ni menos que Sal y Tony y Felix decide que es el momento de llevar a cabo su gran obra: La tempestad y que como lleva más de una década pergeñando su venganza, esta alcanzará visos de ciclogénesis explosiva.
Y ahora debería volver a remontarme al principio de esta reseña, cuando hablaba de que el prólogo se sitúa en un miércoles, 13 de marzo de 2013, cuando los internos del Correccional Fletcher van a interpretar La Tempestad, de William Shakespeare. Podría hablaros también de los ensayos, de cómo se eligió a cada uno de ellos para según qué papel o de como al no querer ninguno hacer el papel de Miranda, Felix tuvo que recurrir a la actriz que iba a interpretar a ese personaje en su producción original frustrada. Y así, muchas cosas más, pero entiendo que eso lo tenéis que descubrir vosotros, porque es apasionante.
Donde sí quiero incidir ahora es en dónde la magia de esta historia. Porque la tiene a raudales. 
Como os decía anteriormente, antes de abordar esta lectura, no me había leído, muy a mi pesar, la novela original y, aunque busqué información sobre la trama, me fié de Mientrasleo y me lancé a la piscina. El tiempo apremiaba y una inoportuna sinusitis acabó por rematarme. Con lo que no contaba es que la autora iba a hacer un resumen de ella casi al final de la novela. Un lujo, creedme. No obstante, esto es accesorio en comparación con lo que vamos a encontrarnos, porque lo realmente admirable es el modo en que Atwood consigue incorporar una obra dentro de la otra y, por lo tanto, ejecuta, con un virtuosismo inaudito, todo un tributo a Shakespeare. Porque lo hace de una manera aparentemente sencilla, pero que cuando empiezas a procesarlo, te maravilla.


CONCLUSIONES:

¿Y qué más puedo contaros acerca de esta novela? Pues que aún sabiendo que el prestigio no se gana en un día y que Margaret Atwood es una estudiosa de Shakespeare y su obra, sumar dos y dos y descubriréis un talento descomunal detrás de La semilla de la bruja, una lectura imprescindible para quienes adoren la obra del bardo y un lujo para el común de los lectores entre quienes me incluyo. 



Esta reseña participa en la iniciativa