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viernes, 13 de agosto de 2021

PREMONICIÓN, de Rosa Blasco


DATOS TÉCNICOS:

Título: PREMONICIÓN

Autora: Rosa Blasco

Editorial: Maeva

Colección: Maeva Noir

ISBN: 978-84-18184-43-7

Páginas: 359

Presentación: Rústica con solapas



Rosa Blasco (Alcañiz, Teruel, 1964), Es médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y Doctora en Historia de la Medicina por la Universidad de Zaragoza. En la actualidad, reside y trabaja como médico de familia en Tudela (Navarra). Ha publicado, además de numerosos artículos científicos, el ensayo Historia del Hospital de San Nicolás de Bari de Alcañiz (1418-1936), fruto de su tesis doctoral, y las novelas El sanatorio de la Provenza (Planeta, 2014) y La sangre equivocada (Mira Editores, 2019).

Premonición es su tercera novela y en ella, como bien reza su subtítulo, “La islas acogen a los que huyen” y en particular, Menorca, como así le ocurre a Simonetta Brey, una prestigiosa forense que llega a Ciudadela para ocupar una vacante como médico de familia. De su alojamiento se ha ocupado una trabajadora social, que le ha conseguido una casa estupenda y un vehículo, todo un lujo teniendo en cuenta que en la isla casi todas las viviendas se destinan al alquiler vacacional. Acaba de salir de prisión y le han ofrecido esta posibilidad en clave de segunda oportunidad para, de esa manera, acortar la pena de cárcel a la que fue condenada por un delito profesional y obtener la libertad condicional. Lo que no sabe, todavía, es que su antiguo colaborador, el comisario Darío Ferrer, es quien ha movido los hilos para que todo esto se haya hecho realidad. Claro que tardará poco en enterarse, justo al día siguiente, tras firmar el contrato en la Subdirección de Atención Primaria.

La propuesta es muy sencilla, aparentemente. Simonetta tendrá que ayudar al comisario con una investigación que lleva meses encallada. Resulta que, en un breve espacio de tiempo, han muerto tres médicos sin razón aparente, aunque según las autopsias, a falta de algún dato relevante, ha sido de muerte natural. Pero él ha tenido una premonición y cree que los casos están relacionados y han sido provocados por la misma persona, así que quiere seguirla a pesar de que nadie de su equipo cree en su hipótesis, por lo que la forense, que no tiene más salidas de futuro, decide secundarlo.

Tras instalarse y empezar a acomodarse en Canal Salat, su nuevo centro trabajo, Simonetta recibe el primero de los informes que le hará llegar el comisario, dado que la intención primigenia es que nadie conozca la relación existente entre ambos para que nadie la vincule a la investigación.  De ese modo, descubre algo más sobre las víctimas:

- Vicente Bort Chuliá: Nacido en Valencia, ciudad en la que también residía. Tenía sesenta y siete años y se había jubilado hacía poco tiempo. Fue jefe del servicio de Radiodiagnóstico del Hospital La Fe. Divorciado y con dos hijos, ambos médicos también, viajaba solo. Llegó a Menorca el 11 de septiembre y se alojó en el hotel Tres Àngels de Ciudadela. El día 15 alquiló un vehículo y un payés lo encontró ya cadáver en el Camí des Alocs, una senda que conduce a las ruinas del castillo de Santa Águeda.

- José Luis Revuelta Arce: Nacido en Colindres (Santander), tenía sesenta y nueve años y se había jubilado tres años antes. Sin hijos. Había sido jefe de servicio de Ginecología del Hospital de Valdecilla. Casado con Joaquina Cortés Fernández, de sesenta años, que todavía trabajaba junto a su socia en un negocio de decoración, falleció junto a él. Llegaron a Menorca el 13 de octubre y se alojaron en el Hotel L’illa de Ciudadela. Los encontraron ahogados en el tramo final de la Playa de Son Bou dos días después, a pesar de ser excelentes nadadores.

- Carlos Lladró Gisbert: Natural de Amposta (Tarragona), donde volvió a residir tras jubilarse diez años antes como jefe de servicio de Oncología Médica del Hospital Valle de Hebrón, de Barcelona. Tenía setenta y seis años y era viudo y padre de una hija. Llegó a Menorca el 4 de enero y se alojó en el hotel Arena de Ciudadela. Murió tres días después, tras visitar el Lazareto de Mahón, donde encontraron su cadáver.

Pero también descubre que su vuelta a la medicina de familia es mucho más gratificante de lo que a priori suponía, porque después de haberse dedicado durante más de una década a la medicina legal había olvidado ese estrecho y poderoso vínculo que se crea a menudo entre médico y paciente. Asimismo, empieza a disfrutar de una isla a la que es fácil aclimatarse porque la va seduciendo poco a poco con su inefable belleza mientras va y conociendo a sus compañeros de trabajo, como Sergi Pons, su enfermero e hijo del alcalde de la localidad, un joven afable, natural y educado que será de gran ayuda en todos los ámbitos para ella y Quique Coll, doctorado en medicina y  en “cansinidad” si la palabra existiera y se estudiase en alguna facultad y trabando amistad con algunos de sus habitantes, como Séraphine Bardot, una educada y afable arquitecta parisina que cuatro años antes abandonó su país natal para instalarse en Menorca como decoradora; Toni Sagrera un atractivo hombre de negocios licenciado en Ciencias Empresariales con el que tendrá una “excelente amistad”, a pesar de unos inicios un tanto complicados; Margálida Fullana: una mujer un tanto sobría, un poco enigmática y ciertamente elegante que trabaja en la recepción del hotel Tres Ángels y Norberto Blasco, un tipo cordial y simpático que es el propietario del Imperi, un café del que dicen que es el mejor del archipiélago.

La investigación, sin embargo, parece que no avanza por mucho empeño que ponga en ello. Simonetta intenta recabar pistas, acude a los hoteles donde se alojaron las víctimas así como a los lugares donde fueron encontrados, pero no hay manera, no hay un simple resquicio por el que colarse en busca de una pista, por nimia que sea. Y, cuando todo aparece encallado, sale el gordo en forma de llamada telefónica del 112 mientras se encuentra en el centro de salud atendiendo a unos pacientes: un pastor ha encontrado en el faro de Punta Nati a un hombre en posible parada. Acude a atender la urgencia junto a Sergi, claro que cuando llegan allí, el hombre ha muerto. Y es médico.

Al día siguiente el comisario le ofrece toda la información que han recabado de la nueva víctima. Se trata de Fernando Osuna Parejo, natural de Fuentes de Andalucía y residente en Sevilla. Tenía setenta y cinco años, era soltero y vivía solo. Se había jubilado como jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Llegó a Menorca dos días antes de producirse el óbito y se alojó en el hotel L’Illa, donde ese día alquiló un coche para dirigirse al lugar en el que lo encontraron.

En esta ocasión Simonetta tendrá la oportunidad de practicar la autopsia, dado que los dos únicos forenses con los que cuenta la isla están de baja. Y tampoco encuentra nada relevante en ella, aparte de darnos una lección magistral de cómo se hace este tipo de prácticas.

Pero la rueda parece haberse puesto en movimiento y es imparable. Al menos, porque a los pocos días, cuando todavía no han llegado los resultados del laboratorio de la pruebas realizadas al doctor Osuna, una pareja de turistas alemanes encuentran un nuevo cadáver en la Naveta des Tudons, el monumento megalítico más grande y significativo de la isla. En esta ocasión se trata de Iñaki Odriozola Navarro, natural de Lequeitio (Vizcaya) de sesenta y siete años. Se jubiló como jefe del servicio de Medicina Preventiva del Hospital de Cruces de Barakaldo y se alojaba desde dos días antes en el hotel Tres Àngels, de Ciudadela.

Y ahora sí, ahora parece que al igual que aquello que nos contaban de que el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, la premonición se convierte en realidad y la hipótesis se abre paso a una posibilidad secundada por todos, por lo que se reabre el caso. Se buscan las coincidencias entre todas las defunciones y parece que surge alguna fisura en la que profundizar.

Y, como podéis comprobar también después de todo lo dicho, todo sucede con una inusitada tranquilidad, algo que nada tiene que ver con el modo en que se ha catalogado esta novela, que poco o nada tiene de thriller, ni falta que le hace. Teniendo eso claro, espero que no os pase como a mí, que me pasé los primeros capítulos buscando ese ritmo trepidante que se le supone a una novela de este género, hasta comprender que la historia iba de otro palo y empecé a disfrutarla, porque cuenta con una serie de atractivos distintos, como que es un paseo por un escenario de lujo: la isla de Menorca, ese lugar en el que cualquier fugitivo, de cualquier índole, desearía recalar.

Por ello, no dejarás de disfrutar con las descripciones que de la isla nos hace Simonetta y no te importará perderte con ella por la Plaza del Ayuntamiento, para descubrir su gran obelisco central, las casas señoriales que la circundan con sus fachadas de color ocre o rosado o el propio Consistorio de aire oriental y, por supuesto, la muralla que nace en el mismo edificio y rodea la ciudad. O asomarte al puerto antiguo, para observar las numerosas embarcaciones de recreo allí atracadas. O dar un caminata hasta el Castell de Santa Águeda, un antiguo alcázar de origen musulmán del que apenas quedan algunos restos, pero que está ubicado en un enclave con unas vistas fabulosas. Aunque, sin lugar a dudas, disfrutarás cuando te describa el lugar más emblemático de la isla, que no es otro que el Lazareto de Mahón, una construcción ubicada en la península de San Felipet, -aunque tiempo después el istmo que lo unía a la isla se destruyó para convertirse en un islote-, a la entrada del puerto de Mahón y levantada entre 1973 y 1807 bajo el reinado de Carlos III que, como su propio nombre indica, tuvo como finalidad la de aislar a los viajeros y mercancías infectados o sospechosos de haber contraído enfermedades contagiosas y en particular la peste bubónica que se declaró por aquellas fechas. Estuvo en funcionamiento durante un siglo, para luego quedar en desuso. Te resultará seguro que tan interesante como a mí conocer el modo en que se distribuía:

- Patente sospechosa: Destinada a recibir a aquellas personas y sus efectos procedentes de puertos sospechosos o que habían tenido contacto en la travesía con barcos con posible contagio.

- Patente sucia: Destinada para personas procedentes de buques apestados o que durante la travesía habían tenido contacto con barcos en esas condiciones. Esta patente está dividida por una gran muralla.

- Patente apestada: Era la zona destinada a los afectados por este tipo de enfermedades. Situada en la parte más elevada, su entrada principal la formaba una torre de vigilancia. Tenía también locutorios para hablar desde la patente sucia con los enfermos y sus asistentes. 

- Patente limpia: Aunque estuvo presupuestada, nunca llegó a construirse.

Para terminar queriendo acabar cualquier velada en el restaurante Tokyo, un japonés que ha conseguido triunfar en la isla gracias a las habilidades de su dueño, Ferran García, un hombre que siendo muy joven viajó al país nipón para aprender todos los secretos de la gastronomía japonesa y que volvió a España mucho después para instalarse en Menorca.

Y entonces comprenderás que has estado leyendo una novela amable, envuelta en misterio, que te ha hecho sospechar de todo y de todos para llegar a un desenlace que ni en sueños hubieses imaginado, escrita con una prosa sencilla, directa, pero que te ha sabido envolver para mantenerte pegada a ella hasta la última página y cerrarla con plena satisfacción y con unas ganas locas de visitar sus escenarios.


Esta reseña participa en la iniciativa:











Apartado: Islas enigmáticas

La isla en que se desarrolla la acción es española