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sábado, 27 de enero de 2018

LA JAULA DE SAL, de Ibon Martín



DATOS TÉCNICOS:

Título: LA JAULA DE SAL
Autor: Ibon Martín
Editorial: Ediciones Travel Bug
ISBN: 978-84-946297-6-1
Páginas: 432
Presentación: Rústica con solapas





Llevo una racha extraña a la hora de elegir lecturas. Tendría que hacérmelo mirar. Basta que alguien cuyo criterio estime me diga que ha leído una novela buenísima, allá que voy. En picado. Sin encomendarme a Dios ni al diablo. Y la lío. Esta novela es un ejemplo de todo lo anterior, porque ni siquiera me planteé leer la sinopsis (algo que no suelo hacer cuando se trata de una recomendación), porque, sinceramente, rara es la vez que me convencen, aunque tengo que admitir que esta, en particular, es soberbia. Sin embargo, en este caso y de haberlo hecho, me hubiese dado cuenta de que esta novela forma parte de una saga y que yo, como viene siendo habitual, había vuelto a meter la pata hasta el fondo, empezando por el final.

No obstante, en mi descargo puedo decir que el libro se puede leer perfectamente aunque no se hayan leído los anteriores, si bien es cierto que hay determinadas alusiones a un caso precedente y sus circunstancias, pero solo para desear acabar de leerlo y ponerte inmediatamente con cualquiera de los anteriores.












Ibon Martín (San Sebastián, 1976) Licenciado en Comunicación y Periodismo por la Universidad del País Vasco. Tras terminar sus estudios, comenzó a trabajar en distintos medios de carácter local, compaginándolo con una de sus grandes pasiones: los viajes, motivo por el cual se ha convertido en todo un experto en turismo rural y ha publicado distintas guías de viajes que contienen rutas por Euskal Herria. En sus libros -algunos escritos en colaboración con Álvaro Muñoz- nos descubre aquellos enclaves quizás menos turísticos, pero sí de un encanto peculiar y lo hace desde distintas perspectivas, para distintos tipos de viajeros.
Dentro de la narrativa, ha probado suerte tanto con la novela histórica como la policíaca. Hasta la fecha, ha lanzado al mercado las siguientes novelas:

- El valle sin nombre.
- El faro del silencio.
- La fábrica de las sombras.
- El último akelarre.
- La jaula de sal.










Un salvaje crimen golpea Pasaia cuando solo han pasado dos años de la detención del Sacamantecas, el psicópata que sembró el terror en el pueblo marinero. La elección de la víctima y el lugar, el solitario faro de la Plata, no parecen fruto del azar. La inquietante firma que el asesino traza en el cadáver tampoco. Todo apunta a que ha vuelto a ocurrir.

La escritora Leire Altuna se enfrenta a su caso más personal, una investigación que la llevará a través de las estrechas sendas que separan el amor del odio, la amistad de la traición. Tendrá que luchar con el miedo y con su propia mente, empeñada en distorsionar lo que sucedió aquella tarde. Siniestras amenazas telefónicas pondrán a prueba su resistencia, sobre la que pende además una opresiva fecha límite. En paralelo, la ertzaina Ane Cestero y su equipo avanzarán con unas pesquisas oficiales que destaparán los peores instintos del ser humano.

Ibon Martín crea en estas páginas un absorbente thriller psicológico que arrastra al lector hasta el propio corazón de San Sebastián, para convertir la bahía de la Concha en escenario del horror más desgarrador.








Ponerte a leer una novela y descubrir que es la cuarta de una serie de la que no conocías nada hasta ese momento, es de traca. Si además te enteras después que es con la que el autor pretende dar unas "vacaciones forzosas" a la protagonista, no tiene perdón de Dios. Solo te queda una opción posible: comprarte los tres libros anteriores una vez que has comprobado que su lectura te ha merecido la pena. Esa ha sido mi solución a tanto desatino.

El caso es que una vez que la tuve entre mis manos y nada más leer las primeras páginas, supe que no podía soltarla. Si ya de por sí el título de la novela era de lo más sugerente, el subtítulo era toda una declaración de intenciones que quería saborear:

"El miedo es el peor enemigo"

27 de octubre de 2015, martes: Leire Altuna, una afamada escritora de novela policíaca, se encuentra en su mejor momento personal y profesional: enamorada, embarazada de cuatro meses y con una novela en plena promoción, con un notable éxito de ventas. Pero claro, ni esta es una historia romántica, ni Ibon Martín está dispuesto a que nos lo parezca. Por eso, ya en el primer capítulo, la tragedia se confabula contra ella y entra, sin pedir permiso, en el faro de la Plata, su lugar de residencia, para teñirlo de rojo.  

La víctima es Iñaki Arratibel, su pareja y padre de la niña que espera. Mientras se duchaba, escuchó una especie de lamento y salió corriendo a ver qué ocurría. Se lo encontró en el recibidor, tumbado en el suelo en un charco de sangre. Tenía el abdomen desgarrado y una herida en el pecho izquierdo por la que se le escapó la vida. La encontraron junto al cadaver, estado de shock y con las manos ensangrentadas, unos operarios del puerto que habían acudido al faro para cambiar una bombilla fundida. La escena no podía ser más dantesca, por lo que llamaron a la Ertzaintza. 

En un principio, la escritora fue detenida como sospechosa del asesinato, pero pocos días después el responsable al mando del caso de la comisaría de Rentería, Ion García, comprendió que las primeras hipótesis sobre la autoría del crímen no estuvieron acertadas y la puso en libertad, teniendo en cuenta que Iñaki era un hombre joven, fuerte y deportista y difícilmente pudo caer abatido a manos de su pareja, ya que la herida mortal que recibió fue propinada con un cuchillo cuyo portador tenía que ser alguien de gran fortaleza, ya que le perforó el tórax izquierdo y le seccionó el corazón de una tacada. La otra herida, causada en el abdomen, se realizó post-mortem, a modo de firma, como queriendo llamar la atención sobre un caso anterior en el que Leire Altuna colaboró.

Dado que en Rentería no podían seguir con la investigación por falta de medios humanos, las pesquisas pasaron a ser competencia de la Comisaría de Oiartzun, donde se ubica la Unidad de Investigación Criminal de Gipuzkoa. Se hace cargo de la investigación el Suboficial Madrazo, Jefe de la Unidad de Investigación Criminal y su equipo, formado por Letizia (agente primera) y los agentes de base Zígor, Aitor y Ane, a quienes todos llaman por su apellido, Cestero.

Comienzan a surgir varias hipótesis con respecto al movil del crimen: desde el odio visceral y más que palmario que Felisa Castelao, pescadera de Pasaia, siente por la escritora desde que la Autoridad Portuaria le cediese el faro a Leire, porque ella lo procuró para su hija, a los altercados que en los últimos tiempos mantenía Iñaki con un grupo ecologistas de Altsasu, que trataban de impedir la tala de robles para el galeón ballenero del siglo XVI que estaban reconstruyendo en el artillero de San Pedro. También se une un desfalco que el mejor amigo de Iñaki ha efectuado en el astillero y del que, hasta ahora, solo era conocedor la víctima. Pero para la Ertzaintza, que en un principio se inclinaba más por la tercera de las hipótesis, la teoría que cada vez tienen más clara es la de que Iñaki fue solo un daño colateral y que el asesino, tarde o temprano, acabará con la vida de Leire Altuna.

Y todo empieza a cobrar sentido cuando la escritora comienza a recibir llamadas anónimas amenazantes.
Se iniciará entonces una lucha sin cuartel contra el tiempo, a la que no ayudará nada el seguimiento del caso que llevan a cabo los medios de comunicación y en particular la televisión, que anda volcada en las actuaciones policiales en un programa que se emite en prime time y que tiene como colaborador estrella al destituido comisario de Rentería.

¿Y con qué nos encontramos entonces?

Con el miedo. Miedo en estado puro. Es imposible sustraerse a lo que se nos narra, porque ya formamos parte de esa historia. La novela, al menos en mi caso, ha tomado entidad y parece haberme abducido. El pánico que siente Leire, su madre o la propia Cestero es real. Y cuando se nos muestra el asesino, antes de que lo descubra nadie, es todavía peor, porque nada bueno puede ocurrir una vez que ese pedazo psicópata da la cara.

Y luego está ese final apoteósico, de nota, que te lleva como un potro desbocado y que no te deja despegarte de las páginas. Como diría Federico Trillo ¡manda huevos!, porque hacía mucho tiempo que nadie me daba una alegría tan grande. ¡Todo un lujo!.

Y como de lujos va la cosa, no puedo terminar esta reseña sin hacer mención a los escenarios. He disfrutado como una enana con las descripciones del entorno donde transcurre la novela. Son de una belleza aplastante, rotunda, a lo que el hecho de conocer la zona solo ha conseguido que las disfrutara todavía más y me ha dejado con la necesidad, digamos que vital, de volver a aquella tierra cuanto antes.








Después del desatino de comenzar una saga policíaca por el final, solo os puedo asegurar que la experiencia me ha merecido la pena, porque he conocido a Leire Altuna y a Ane Cestero y ahora quiero seguir leyendo sus historias. Ya tengo las tres anteriores, así que creo que con eso está todo dicho ¿no?.





sábado, 20 de enero de 2018

BASTA CON VIVIR, de Carmen Amoraga



DATOS TÉCNICOS:

Título: Basta con vivir
Autora: Carmen Amoraga
Editorial: Destino
Colección: Áncora & Delfín
ISBN: 978-84-233-5287-6
Páginas: 320
Presentación: Rústica con solapas






Desde que en 2015 leí El tiempo mientras tanto y quedé prendada de la prosa de Carmen Amoraga, más de una vez he lamentado no haber estado lo suficientemente pendiente de su recorrido literario, si bien es cierto que aún tengo en la estantería de pendientes la novela con la que ganó el Premio Nadal y muero de ganas por conseguir El rayo dormido, así que en cuanto supe que volvía a publicar, no dudé en asistir primero a un Encuentro Bloguero con la autora y después proponer a la Editorial una Lectura Simultánea en Twitter de Basta con vivir bajo la iniciativa #SoyYincanera, la cual nos ha dado un sinfín de buenos momentos, gracias a que la historia que se nos narra ha dado mucho juego y nos ha enamorado a todos. ¿Queréis saber por qué?.



 

Carmen Amoraga (Picaña, Valencia, 1969). Licenciada en Ciencias de la Información en la Universidad CEU Cardenal Herrera. Ha sido columnista en el diario Levante - El Mercantil Valenciano (aunque en la actualidad sigue desarrollando esta labor en otros medios.) y tertuliana en Canal 9, Radio 9 y Punto Radio. Además, ha trabajado como asesora de relaciones con los medios de comunicación en la Universidad de Valencia hasta junio de 2015. 

Desde que en 1997 Carmen Amoraga publicase su primera novela, Para que nada se pierda, y fuese galardonada con el II Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla, su carrera literaria se ha visto refrendada por un gran número de distinciones:

- Todas las caricias (2000).
- La larga noche (20003) Premio de la Crítica Valenciana.
- Palabras más, palabras menos (2006).
- Algo tan parecido al amor (2007), Finalista del Premio Nadal.
- Como un ancla (Cuento) en: Las vidas de Eva. (2007).
- Lo que son las cosas (Cuento) en: Historias que dejan huella. (2008).
- (Como si mi vida fuera) La letra de un tango (Cuento) en: Don Juan. (2008).
- Todo lo que no te contarán sobre la maternidad. Ensayo. (2009).
- El tiempo mientras tanto (2010). Finalista Premio Planeta.
- El rayo dormido (2012).
- La vida era eso (2013) Premio Nadal.
- Enamorar(se) (2016).
- Basta con vivir (2017).


 
Pepa es una mujer madura en quiebra emocional. Siente que ha malgastado su vida y culpa al mundo de su aparente desgracia. Sola, enfadada y amargada, siente como una herida la felicidad del resto, y para protegerse del dolor no encuentra otra forma que vivir dentro de una coraza que oculta sus verdaderos sentimientos.

Durante unas vacaciones forzosas, Pepa se ve obligada a reflexionar y a tomar consciencia de los errores que la han llevado a estar donde está. Justo cuando comienza a reconciliarse con sus recuerdos, empieza a observar a una chica embarazada que toma el sol a diario en un banco de la misma plaza en la que Pepa pasea a su perro. Esa joven es Crina, que vive una tragedia ante los ojos impasibles de una sociedad que no quiere verla.

Crina llegó a España engañada por su propia pareja, que la vendió a una red de trata de blancas, y ahora esa red planea vender al bebé que espera. Pepa, inmersa en el proceso de rehabilitación de su invalidez emocional, es la única persona que puede ver más allá de lo que se ve, y decide volcarse en ayudar a esa desconocida.

Una novela intensa que nos habla de crecimiento, superación y resiliencia. Que nos muestra la verdad de lo que somos y cómo ayudar a otra persona puede llegar a salvarnos de nosotros mismos. Un canto a la vida y a la fuerza de la solidaridad.







Cuestión de forma:
Creo que no soy sospechosa de alabar un libro por su portada; es decir, nunca diría que dejaría de leer alguno porque no me gustase el diseño de su cubierta o viceversa. Sin embargo, no negaré que en este caso la imagen del mismo, además de provocarte ternura, ejerce como un imán. Obviamente, no es como para comprarlo en caso de que leída la sinopsis no te atraiga a priori, porque sería una locura, pero es bien cierto que el hecho de ver a esas a dos mujeres bailando cogidas de la mano, alegres y distendidas, o esa luz que todo lo ilumina, crea un ambiente cálido en el que recrearse. Y no es que esa estampa tenga mucho que ver precisamente con las historias de las que vamos a ser testigo, pero impacta en cierta medida.

Y menciono este detalle porque en Basta con vivir se dan cita una serie de aciertos que me gustaría destacar, más allá de que Destino cuide sus novelas tanto en lo formal como puede ser la edición (tamaño de la letra, márgenes, espaciado, papel, etc.), como en todos los sentidos. Por ejemplo, pocas veces he leído una sinopsis tan certera y aparentemente explícita a la hora de explicar un argumento. No obstante, aunque parezca que dice mucho, la gracia -o la grandeza- de esta novela no reside tanto en lo que sucede (que merece un capítulo aparte) a lo largo de sus páginas, sino en el cómo trancurre la historia, por cómo se nos narra. Porque esa es la magia que predomina en esta novela de principio a fin. La misma por la que Carmen Amoraga te fascina cada vez que abordas una obra suya.
 
Y antes de comentar las impresiones que Basta con vivir me han generado, terminaré este apartado hablando del título de la novela, información que nos facilitó la autora en el mencionado encuentro bloguero: la novela, en principio, se iba a llamar "Ni siquiera la lluvia", por las buenas sensaciones que le sugería en base al poema de E.E. Cummings, que encontramos al inicio del primer capítulo del libro, pero que tuvo que cambiar en base a los derroteros que tomó la novela:
 

Cuestión de fondo:

Basta con vivir es la historia de dos mujeres, Pepa y Crina y, como tal, ambas serán las protagonistas de sendas tramas. Nada tienen en común, aparentemente. Sus vidas han transcurrido en paralelo, en diferentes entornos, en distintas épocas porque pertenecen a distintas generaciones, ciudades e incluso países, aunque ahora transiten las mismas calles, las de Miraval. Sin embargo, llegará un momento en que estarán unidas por un hilo prácticamente invisible, casi un simbólico cordón umbilical que las aferrará a la vida, a esa que comienzan a saborear pero que todavía no saben si será una realidad algún día.

Pepa, a sus cincuenta años, es una amargada de manual; es más, si hubiese un ranking de amargados de la historia de la humanidad, ella lo hubiese reventado. Vive en un eterno conflicto, alimentado durante décadas por una serie de fatalidades que nunca quiso o pudo superar. Hay, de hecho, un momento que no deja de resultar hilarante y que es cuando empieza a enumerar como en una letanía las razones por las que no puede soportar a todas aquellas personas con las que se ha relacionado a lo largo de su existencia. Para que os hagáis una idea, lleva más de media vida enfadada con sus amigas de infancia porque ella entendió que la abandonaron cuando se ennoviaron, para posteriormente casarse con sus respectivos y tener hijos. Con el que fue su primer amor, porque la dejó un mes antes de casarse, dado que no entendía un futuro a su lado dado su carácter. Ya os podéis imaginar como le sentó que él se enamorase de otra mujer y lo hiciese con ella, para después formar una familia. Con sus jefes de la residencia geriátrica en la que trabaja, que en un principio la contrataron como cocinera, pero que ahora que reciben las comidas directamente desde un catering, le han asignado otras funciones... Y si esto se quedase en el ámbito de los conocidos, tendría un pase, pero también tiene estopa para repartir entre los miembros de su familia: a su padre no le perdona que se muriese; a su madre, que tras la muerte de su esposo, cayese en una depresión que le duró años y a sus hermanos que le aconsejasen que dejase su trabajo para atender a su madre. Y así ha vivido desde bien jovencita, en una espiral de inquinas sistemáticas que han endurecido su carácter y han teñido de gris su realidad. Todo ello se irá entendiendo a lo largo de los capítulos y la iréis entendiendo, porque Pepa es una mujer con la que llegaréis a empatizar.

Pero esto no es el más que el pasado de Pepa, ya que a raíz de unas vacaciones forzosas que le proponen sus jefes, a raíz de un altercado con otra trabajadora de la residencia, Pepa empieza a tomar conciencia de su realidad y a instancias de su madre decide ponerse en manos de una psicóloga, quien mediante terapia le ayuda a enfrentarse a sus recuerdos y ponerlos en orden. Es en este momento de catarsis mental cuando Pepa, que ahora tiene más tiempo libre, empieza a reparar en una joven embarazada que acostumbra a sentarse en un banco de plaza por la que ella suele pasear a su perro. 
 
Esa joven es Crina, una muchacha de origen rumano,

estudiante de medicina, muy querida por su familia y nada por su novio. Un joven en el que depositó toda su confianza, que la engañó, que la traicionó de la manera más nauseabunda posible vendiéndola a precio de saldo a unos delincuentes de la peor calaña para convertirla en víctima de trata de blancas. Llegados a este punto, ya os podéis imaginar con lo que os podéis encontrar. No obstante, me encantaría que fueseis testigos de su devenir diario, de sus reflexiones, de su tremenda humanidad aún en el peor de los escenarios posibles para un ser humano. ¿Es sórdido? Desde luego, pero más allá del morbo, la narración es exquisita sin robar un ápice de realidad.


Cuestión de estilo:
 
Cualquiera que haya leído alguna vez a Carmen Amoraga reconocerá, desde las primeras páginas, ese estilo tan característico suyo. Pero también una evolución más que notable cuando la ocasión lo requiere.


Ese estilo primigenio -accesible, sencillo y, si me apuráis, natural- del que os hablo lo encontraremos latente a lo largo de toda la novela, aunque si bien es cierto, cuando la protagonista es Pepa, la autora lo conjuga con una fina ironía que te desarma sin remedio quieras o no. A ello habría que añadirle un recurso "muy Amoraga", como es ese juego de repetir determinadas frases, alterando el orden de las palabras para acentuar la solidez de las reflexiones o preocupaciones de la protagonista, por no hablar de algunas "conversaciones" que mantiene consigo misma y el interlocutor que ella decide en cada situación, según se tercia, memorables, porque ponen en valor esa naturalidad de la que os hablaba, ya que están prácticamente calcadas de las que cualquiera de nosotros podríamos mantener en nuestro día a día. ¿Quien no fantasea a menudo en su día a día y mantiene conversaciones cotidianas con personas de su entorno?. Pues Carmen Amoraga lo borda. 

 
Cuando la acción recae sobre Crina, el tono se torna más serio, aunque sigue manteniendo ese ritmo sosegado que acompaña a toda la obra. La cotidianidad de la que hace gala Pepa se va al garete y su "tragedia existencial" casi nos parece una broma si la comparamos con lo que sucede ante nuestros ojos, porque todo lo que rodea a la rumana es sórdido, duro, que te vapulea y estremece una y otra vez mientras la tensión en la que vive la protagonista es contagiosa. El monólogo interior se hace exquisito por el modo en que la autora se mete en la mente de su personaje para crear un efecto vomitivo emocional sin parangón.








Creo que ha quedado lo suficientemente claro que Basta con vivir me ha encantado, pero si no es así, emularé a Groucho Marx cuando decía aquello de "Estos son mis principios. Si no te gustan, tengo otros", porque sin lugar a dudas, además de lo expuesto anteriormente, más allá de que las tramas puedan parecerte tristes, duras o cualquier otro epíteto que te venga a la mente en este momento, esta novela es un canto a la esperanza, donde la solidaridad triunfa por encima de ese egoísmo tan común del que nadie está exento, por esa tendencia tan natural en el género humano de volver la vista hacia otro lado, cuando lo que vemos implica alguna dificultad y, aun así, no he observado en ningún momento un atisbo de adoctrinamiento sino todo lo contrario. Carmen Amoraga pone blanco sobre negro uno de los males que afectan a nuestra sociedad: la prostitución y por extensión la trata de blancas, pero lo hace con una delicadeza y una solvencia que no me deja otra opción que la de alabar y aplaudir sus formas, su fondo y su estilo.





Esta reseña participa en la iniciativa #SoyYincanera