viernes, 13 de agosto de 2021

PREMONICIÓN, de Rosa Blasco


DATOS TÉCNICOS:

Título: PREMONICIÓN

Autora: Rosa Blasco

Editorial: Maeva

Colección: Maeva Noir

ISBN: 978-84-18184-43-7

Páginas: 359

Presentación: Rústica con solapas



Rosa Blasco (Alcañiz, Teruel, 1964), Es médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y Doctora en Historia de la Medicina por la Universidad de Zaragoza. En la actualidad, reside y trabaja como médico de familia en Tudela (Navarra). Ha publicado, además de numerosos artículos científicos, el ensayo Historia del Hospital de San Nicolás de Bari de Alcañiz (1418-1936), fruto de su tesis doctoral, y las novelas El sanatorio de la Provenza (Planeta, 2014) y La sangre equivocada (Mira Editores, 2019).

Premonición es su tercera novela y en ella, como bien reza su subtítulo, “La islas acogen a los que huyen” y en particular, Menorca, como así le ocurre a Simonetta Brey, una prestigiosa forense que llega a Ciudadela para ocupar una vacante como médico de familia. De su alojamiento se ha ocupado una trabajadora social, que le ha conseguido una casa estupenda y un vehículo, todo un lujo teniendo en cuenta que en la isla casi todas las viviendas se destinan al alquiler vacacional. Acaba de salir de prisión y le han ofrecido esta posibilidad en clave de segunda oportunidad para, de esa manera, acortar la pena de cárcel a la que fue condenada por un delito profesional y obtener la libertad condicional. Lo que no sabe, todavía, es que su antiguo colaborador, el comisario Darío Ferrer, es quien ha movido los hilos para que todo esto se haya hecho realidad. Claro que tardará poco en enterarse, justo al día siguiente, tras firmar el contrato en la Subdirección de Atención Primaria.

La propuesta es muy sencilla, aparentemente. Simonetta tendrá que ayudar al comisario con una investigación que lleva meses encallada. Resulta que, en un breve espacio de tiempo, han muerto tres médicos sin razón aparente, aunque según las autopsias, a falta de algún dato relevante, ha sido de muerte natural. Pero él ha tenido una premonición y cree que los casos están relacionados y han sido provocados por la misma persona, así que quiere seguirla a pesar de que nadie de su equipo cree en su hipótesis, por lo que la forense, que no tiene más salidas de futuro, decide secundarlo.

Tras instalarse y empezar a acomodarse en Canal Salat, su nuevo centro trabajo, Simonetta recibe el primero de los informes que le hará llegar el comisario, dado que la intención primigenia es que nadie conozca la relación existente entre ambos para que nadie la vincule a la investigación.  De ese modo, descubre algo más sobre las víctimas:

- Vicente Bort Chuliá: Nacido en Valencia, ciudad en la que también residía. Tenía sesenta y siete años y se había jubilado hacía poco tiempo. Fue jefe del servicio de Radiodiagnóstico del Hospital La Fe. Divorciado y con dos hijos, ambos médicos también, viajaba solo. Llegó a Menorca el 11 de septiembre y se alojó en el hotel Tres Àngels de Ciudadela. El día 15 alquiló un vehículo y un payés lo encontró ya cadáver en el Camí des Alocs, una senda que conduce a las ruinas del castillo de Santa Águeda.

- José Luis Revuelta Arce: Nacido en Colindres (Santander), tenía sesenta y nueve años y se había jubilado tres años antes. Sin hijos. Había sido jefe de servicio de Ginecología del Hospital de Valdecilla. Casado con Joaquina Cortés Fernández, de sesenta años, que todavía trabajaba junto a su socia en un negocio de decoración, falleció junto a él. Llegaron a Menorca el 13 de octubre y se alojaron en el Hotel L’illa de Ciudadela. Los encontraron ahogados en el tramo final de la Playa de Son Bou dos días después, a pesar de ser excelentes nadadores.

- Carlos Lladró Gisbert: Natural de Amposta (Tarragona), donde volvió a residir tras jubilarse diez años antes como jefe de servicio de Oncología Médica del Hospital Valle de Hebrón, de Barcelona. Tenía setenta y seis años y era viudo y padre de una hija. Llegó a Menorca el 4 de enero y se alojó en el hotel Arena de Ciudadela. Murió tres días después, tras visitar el Lazareto de Mahón, donde encontraron su cadáver.

Pero también descubre que su vuelta a la medicina de familia es mucho más gratificante de lo que a priori suponía, porque después de haberse dedicado durante más de una década a la medicina legal había olvidado ese estrecho y poderoso vínculo que se crea a menudo entre médico y paciente. Asimismo, empieza a disfrutar de una isla a la que es fácil aclimatarse porque la va seduciendo poco a poco con su inefable belleza mientras va y conociendo a sus compañeros de trabajo, como Sergi Pons, su enfermero e hijo del alcalde de la localidad, un joven afable, natural y educado que será de gran ayuda en todos los ámbitos para ella y Quique Coll, doctorado en medicina y  en “cansinidad” si la palabra existiera y se estudiase en alguna facultad y trabando amistad con algunos de sus habitantes, como Séraphine Bardot, una educada y afable arquitecta parisina que cuatro años antes abandonó su país natal para instalarse en Menorca como decoradora; Toni Sagrera un atractivo hombre de negocios licenciado en Ciencias Empresariales con el que tendrá una “excelente amistad”, a pesar de unos inicios un tanto complicados; Margálida Fullana: una mujer un tanto sobría, un poco enigmática y ciertamente elegante que trabaja en la recepción del hotel Tres Ángels y Norberto Blasco, un tipo cordial y simpático que es el propietario del Imperi, un café del que dicen que es el mejor del archipiélago.

La investigación, sin embargo, parece que no avanza por mucho empeño que ponga en ello. Simonetta intenta recabar pistas, acude a los hoteles donde se alojaron las víctimas así como a los lugares donde fueron encontrados, pero no hay manera, no hay un simple resquicio por el que colarse en busca de una pista, por nimia que sea. Y, cuando todo aparece encallado, sale el gordo en forma de llamada telefónica del 112 mientras se encuentra en el centro de salud atendiendo a unos pacientes: un pastor ha encontrado en el faro de Punta Nati a un hombre en posible parada. Acude a atender la urgencia junto a Sergi, claro que cuando llegan allí, el hombre ha muerto. Y es médico.

Al día siguiente el comisario le ofrece toda la información que han recabado de la nueva víctima. Se trata de Fernando Osuna Parejo, natural de Fuentes de Andalucía y residente en Sevilla. Tenía setenta y cinco años, era soltero y vivía solo. Se había jubilado como jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Llegó a Menorca dos días antes de producirse el óbito y se alojó en el hotel L’Illa, donde ese día alquiló un coche para dirigirse al lugar en el que lo encontraron.

En esta ocasión Simonetta tendrá la oportunidad de practicar la autopsia, dado que los dos únicos forenses con los que cuenta la isla están de baja. Y tampoco encuentra nada relevante en ella, aparte de darnos una lección magistral de cómo se hace este tipo de prácticas.

Pero la rueda parece haberse puesto en movimiento y es imparable. Al menos, porque a los pocos días, cuando todavía no han llegado los resultados del laboratorio de la pruebas realizadas al doctor Osuna, una pareja de turistas alemanes encuentran un nuevo cadáver en la Naveta des Tudons, el monumento megalítico más grande y significativo de la isla. En esta ocasión se trata de Iñaki Odriozola Navarro, natural de Lequeitio (Vizcaya) de sesenta y siete años. Se jubiló como jefe del servicio de Medicina Preventiva del Hospital de Cruces de Barakaldo y se alojaba desde dos días antes en el hotel Tres Àngels, de Ciudadela.

Y ahora sí, ahora parece que al igual que aquello que nos contaban de que el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, la premonición se convierte en realidad y la hipótesis se abre paso a una posibilidad secundada por todos, por lo que se reabre el caso. Se buscan las coincidencias entre todas las defunciones y parece que surge alguna fisura en la que profundizar.

Y, como podéis comprobar también después de todo lo dicho, todo sucede con una inusitada tranquilidad, algo que nada tiene que ver con el modo en que se ha catalogado esta novela, que poco o nada tiene de thriller, ni falta que le hace. Teniendo eso claro, espero que no os pase como a mí, que me pasé los primeros capítulos buscando ese ritmo trepidante que se le supone a una novela de este género, hasta comprender que la historia iba de otro palo y empecé a disfrutarla, porque cuenta con una serie de atractivos distintos, como que es un paseo por un escenario de lujo: la isla de Menorca, ese lugar en el que cualquier fugitivo, de cualquier índole, desearía recalar.

Por ello, no dejarás de disfrutar con las descripciones que de la isla nos hace Simonetta y no te importará perderte con ella por la Plaza del Ayuntamiento, para descubrir su gran obelisco central, las casas señoriales que la circundan con sus fachadas de color ocre o rosado o el propio Consistorio de aire oriental y, por supuesto, la muralla que nace en el mismo edificio y rodea la ciudad. O asomarte al puerto antiguo, para observar las numerosas embarcaciones de recreo allí atracadas. O dar un caminata hasta el Castell de Santa Águeda, un antiguo alcázar de origen musulmán del que apenas quedan algunos restos, pero que está ubicado en un enclave con unas vistas fabulosas. Aunque, sin lugar a dudas, disfrutarás cuando te describa el lugar más emblemático de la isla, que no es otro que el Lazareto de Mahón, una construcción ubicada en la península de San Felipet, -aunque tiempo después el istmo que lo unía a la isla se destruyó para convertirse en un islote-, a la entrada del puerto de Mahón y levantada entre 1973 y 1807 bajo el reinado de Carlos III que, como su propio nombre indica, tuvo como finalidad la de aislar a los viajeros y mercancías infectados o sospechosos de haber contraído enfermedades contagiosas y en particular la peste bubónica que se declaró por aquellas fechas. Estuvo en funcionamiento durante un siglo, para luego quedar en desuso. Te resultará seguro que tan interesante como a mí conocer el modo en que se distribuía:

- Patente sospechosa: Destinada a recibir a aquellas personas y sus efectos procedentes de puertos sospechosos o que habían tenido contacto en la travesía con barcos con posible contagio.

- Patente sucia: Destinada para personas procedentes de buques apestados o que durante la travesía habían tenido contacto con barcos en esas condiciones. Esta patente está dividida por una gran muralla.

- Patente apestada: Era la zona destinada a los afectados por este tipo de enfermedades. Situada en la parte más elevada, su entrada principal la formaba una torre de vigilancia. Tenía también locutorios para hablar desde la patente sucia con los enfermos y sus asistentes. 

- Patente limpia: Aunque estuvo presupuestada, nunca llegó a construirse.

Para terminar queriendo acabar cualquier velada en el restaurante Tokyo, un japonés que ha conseguido triunfar en la isla gracias a las habilidades de su dueño, Ferran García, un hombre que siendo muy joven viajó al país nipón para aprender todos los secretos de la gastronomía japonesa y que volvió a España mucho después para instalarse en Menorca.

Y entonces comprenderás que has estado leyendo una novela amable, envuelta en misterio, que te ha hecho sospechar de todo y de todos para llegar a un desenlace que ni en sueños hubieses imaginado, escrita con una prosa sencilla, directa, pero que te ha sabido envolver para mantenerte pegada a ella hasta la última página y cerrarla con plena satisfacción y con unas ganas locas de visitar sus escenarios.


Esta reseña participa en la iniciativa:











Apartado: Islas enigmáticas

La isla en que se desarrolla la acción es española


jueves, 29 de julio de 2021

DONDE HAYA TINIEBLAS, de Manuel Ríos San Martín

 


DATOS TÉCNICOS:

TÍTULO: Donde haya tinieblas

AUTOR: Manuel Ríos San Martín

EDITORIAL: Planeta

COLECCIÓN: Autores Españoles e Iberoamericanos

ISBN: 978-84-08-24314-4

PÁGINAS: 528

PRESENTACIÓN: Tapa dura con sobrecubierta



Manuel Ríos San Martín (Madrid, 1965) es guionista y director de cine y televisión. Licenciado en Ciencias de la Información, en la rama de Imagen, también es profesor de guión en la Universidad Camilo José Cela en Madrid. Su vida laboral se ha desarrollado a caballo entre las productoras de televisión más importantes, ejerciendo labores de productor ejecutivo, director o guionista: de Globomedia, pasó a BocaBoca donde en la actualidad es Director de Ficción. Ha participado en series míticas como Médico de familia, Colegio Mayor, Compañeros (de la cual también dirigió la película No te fallaré, inspirada en la serie) o Sin identidad, entre otras. También es autor de las novelas Círculos (Suma de Letras, 2017) y La huella del mal (Planeta, 2019), que ha sido traducida al italiano y está siendo adaptada a la televisión como una serie de ocho capítulos.

El 9 de junio de 2021 se publicó Donde haya tinieblas, su última novela y de la que hoy quiero hablaros, pero vayamos por partes…

Y nada mejor para remedar a Juan Martínez que empezar hablando del título de la obra recordando la charla, a modo de presentación del libro, en la que Manuel Ríos San Martín le comentaba a Javier Sierra que la novela en un principio se iba a llamar “El asesino del Génesis”, un título que, para mi gusto, era de lo más acertado teniendo en cuenta la concepción y finalidad de los crímenes de los que vamos a ser testigos, pero que descartó porque se asemejaba bastante a aquellos que utilizaba Agatha Christie. Otro de los que se barajaron fue el de “El pecado de Dios”, tan interesante como el anterior por las afinidades que guarda con la trama, aunque al final decidieron que el más adecuado sería el que es, precisamente porque esta novela está envuelta en tinieblas, metafóricamente hablando, y estas guardan un estrecho vínculo con todo lo que acontece, donde la incertidumbre y el misterio campan a sus anchas.

La historia comienza con la desaparición de Karolina Mederev, una famosa modelo e influencer rusa de diecisiete años de belleza deslumbrante que ha venido a Madrid para amadrinar la presentación de una nueva tienda de lencería de lujo. Pero no se ha presentado, así que cuando apenas han pasado unas pocas horas del evento, la agencia para la que trabaja lo pone en conocimiento de la UDEV (Unidad de Delincuencia Especializada y Violencia) de Madrid, pues todo apunta a un secuestro. Los encargados de la investigación serán los inspectores Juan Martínez y Nuria Pieldelobo que, en principio, empezarán por analizar sus redes sociales, donde se dan citan multitud de seguidores, pero también unos cuantos detractores. A través de fotos y en particular del vídeo de un anuncio grabado un año antes en la televisión rusa, descubren que la joven tiene una peculiaridad: no tiene ombligo.

Cuando el cadáver de la joven se revela días después sobre el altar de la ermita de la Virgen del Ara, en la provincia de Badajoz, la investigación empezará a tomar otros derroteros. Claro que no será el único, pues días después, otro cadáver aparecerá en San Juan de la Peña (Jaca) y no será el último. Asistiremos así a una historia absorbente y espléndida a partes iguales.

 

Porque Donde haya tinieblas es una novela de contrastes y dualidades y, del mismo modo que en lógica matemática se diferencian dos tipos de condiciones, la suficiente y la necesaria, algo similar ocurre en esta novela. Por ello, podríamos decir que la antítesis es la condición suficiente para que todo tenga sentido y la ambivalencia es la condición necesaria. Y resulta curioso que estos dos conceptos, aparentemente parecidos, sean tan diferentes y a la vez tan indispensables en la trama de esta novela.

Porque en Donde haya tinieblas, la antítesis está más que presente, tanto en el fondo como en la forma y solo por ello ya sería suficiente para asistir a un relato fascinante. De ese modo, nos encontramos ante una novela que es tierna y dura a la vez, donde la acción y la reflexión van de la mano, donde el castigo y la redención es una cuestión de perspectiva y la misericordia y la intransigencia son la cara y la cruz de una misma moneda.

Por eso, además, nos encontramos con dos protagonistas de lo más antagónicos y con un trasfondo humano que los hace únicos: Juan Martínez y Nuria Pieldelobo. Él un boomer, ella una milenial; uno de educación religiosa y tradicional, ella laica y liberal; él es un pelín machista aunque no quiere reconocerlo, ella feminista impenitente; él, caótico por definición, tiene una capacidad de dispersión asombrosa, ella es ordenada y metódica, concentración en estado puro; y así puedo seguir aportando una infinidad de diferencias, aparentemente insalvables, que dan lugar a multitud de desencuentros, porque ambos, aunque en particular ella, son máquinas de discusión masiva. Y esto repercutirá en una trama en la que con el asesinato de la modelo rusa se abrirán dos líneas de investigación diferentes: por un lado, la que plantea Martínez, al que le parece que se trata de un crimen de carácter religioso y ritualístico; por el otro, la que defiende Pieldelobo, en la que la mafia rusa sostiene una red de prostitución de lujo con menores de edad. Y, en medio de ambas tesis, se sospecha de algún que otro hater obsesionado con las fotos y stories que la modelo publica en Instagram.

Pero también en Donde haya tinieblas la ambivalencia juega un papel preponderante, por lo que se convierte en condición necesaria y viene a enriquecer un relato perfectamente construido en todos los sentidos: ya sea por sus personajes (todos ellos, en mayor o menor medida, son ambivalentes, de ahí las contradicciones e inconsistencias en las que caen), los escenarios (y no tanto por ellos en sí, sino porque aquí juega una baza importante la religión y el modo en que se enfoca la concepción de Dios, bien como un juez digno de ser temido, todopoderoso y castigador o bien como un Ser protector y misericordioso al que alguien quiere enmendarle la plana) o porque Manuel Ríos San Martín posee un estilo literario único y depurado, brillante y sólido, que atrae y seduce en la misma medida (aunque en este último punto la ambivalencia sea nula).

Así que ahora intentaré desarrollar un poco más los puntos anteriores de esta novela escrita en primera persona, desde el punto de vista de Martínez. Esto implica que el autor, al narrar de esta manera, rompe una muralla muy sutil de cara al lector y consigue que dejemos de verle como un personaje por la empatía que nos genera, del mismo modo en que es capaz de depararnos infinidad de situaciones hilarantes, sobre todo cuando va describiéndonos a todos los personajes que intervienen en la trama, a los que suele apodar para hacer más fácil su identificación, ya que tiene problemas, desde siempre, para recordar los nombres. De ese modo, nos encontramos algunos en el entorno de Karolina Mederev tan variopintos como:

- Sophie Villeneuve, alias La Botox: Directora de la agencia de modelos para la que trabaja Karolina Mederev. Es una mujer que, habiendo cumplido los cincuenta, es muy atractiva y con una figura envidiable. De hecho, para definirla el protagonista la cataloga con el término MILF (acrónimo de la frase “Mother I'd Like to Fuck”.

- Marcelo Belleti, alias El Muñequín: Asistente de Karolina Mederev. Un joven ciertamente ambiguo de poco más de veinte años, guapo, desenvuelto y un poco bajo de estatura. Debe su apodo a su buen gusto en el vestir.

- Mateo, alias El Fitnessmanager: Aunque en el gimnasio al que acudía Karolina Mederev cuando reside en Madrid, todo le llaman Chuwi. Lógicamente, siempre viste ropa deportiva y hace gala de sus músculos al menor descuido.

- Álvaro Williams: Veintitrés años, modelo, instagrammer y presunto novio de Karolina. De hecho, fue en el domicilio de éste donde desaparició. Habían pedido comida a domicilio y, al parecer, contenía alguna droga que los dejó inconscientes. Por otro lado, el móvil de la modelo se apagó a las 21:14 h. de ese día en las inmediaciones de la Plaza de Paja, donde vivía el chico y pasaron la tarde y parte de la noche.

- Masha Klimov: Madre de Karolina. Chapurrea cinco idiomas y consigue hacerse entender a pesar de ello, insultos incluidos. Es una mujer fibrosa que derrocha energía. Muy atractiva, tiene la cara llena de pecas y una cicatriz que le cruza la mejilla sin restarle belleza, quizás la prueba palpable de que esconde un oscuro pasado.

 

En la comisaría, acompañando a los protagonistas, entre otros, se encontrarían el Inspector Enrique Castejón, alias Bigdata, de poco más de treinta años,fuerte, aunque delgado y que debe su apodo a que es un friki de las redes sociales y los videojuegos, el comisario Trashorras, un buen hombre excesivamente clásico, que siempre viste con traje y porta un bigote de otra época, posiblemente por ello y Romera, un personaje digno de un estudio psicológico profundo. O algo peor.

Lógicamente, solo he destacado algunos de los muchos  personajes que aparecen en esta novela, porque hablar de todos me resultaría prácticamente imposible, para no eternizarme, razón por la cual no puedo obviar a los protagonistas:

- Juan Martínez: No solo es un personaje, sino que, además, será el narrador de esta historia. Tiene una visión del mundo muy particular. Genera mucha empatía, quizás porque lo de ser políticamente correcto no esté hecho para él. O puede que también sea debido a su “dispersión manifiesta”, a pesar de haber hecho un curso de control mental a instancias de su mujer. Boomer de manual, está chapado a la antigua, aunque intenta estar a la moda, cosa que no consigue con facilidad. De hecho, se cree un crack en el manejo de las redes sociales, porque conoce la mayoría de las existentes, pero la realidad es que excepto vigilar a sus hijos con cuentas ocultas, poco partido saca de ellas. Cuando se compara con viejos amigos y conocidos, se ve mucho mejor que ellos, por lo que se considera un fofisano integral.

También es digno de mención su entorno más cercano. Resulta conmovedor ver como retrata a Teresa, su mujer, el motor de su familia y los esfuerzos realizados por ella para mantenerla a flote mientras él se dedica en cuerpo y alma a su trabajo. O sus gemelos, a quienes describe con una naturalidad pasmosa, no exenta de ironía. O el esfuerzo de Alicia, su hija mayor para mantenerlos a raya.

- Nuria Pieldelobo: Pertenece a otra generación: como treintañera, es milenial, feminista, cinturón negro de aikido y una de las promesas de la UDEV por su brillante inteligencia, porque fue número uno de su promoción, habla dos idiomas, además del castellano y catalán y tiene un grado en Criminología. Rubia, ojos verdes y de indudable belleza, tiene una mala leche proverbial, hasta el punto de que su compañero, aficionado a poner apodo a todo aquel con el que se cruza, se ve incapaz de hacerlo con ella, dado que su apellido la define. De educación laica, este caso la lleva a “doctorarse” en religión sobre la marcha, sacando unas conclusiones interesantes, ya que le da la vuelta a todo.

También los escenarios son una condición necesaria en esta novela; de hecho, sin ellos no hubiese sido posible construir una trama tan contundente como la que transcurre en Donde haya tinieblas.

Junto a los inspectores Martínez y Pieldelobos nos desplazaremos a Fuente del Arco, un pequeño municipio de casas encaladas y calles empinadas de Badajoz, situado en las estribaciones de Sierra Morena, casi lindando con la provincia de Sevilla porque allí, en la Ermita de la Virgen del Ara, ubicada a seis kilómetros de la localidad, ha sido hallado el cadáver de Karolina Mederev, tendido sobre el altar.

Comenzarás entonces a disfrutar de lo lindo con las descripciones que Martínez hace de esta ermita del siglo XV, de su pórtico mudéjar, de su retablo mayor de estilo barroco, de su cúpula octogonal o de su bóveda decorada con frescos que aluden a escenas del Génesis.  Tanto si te gusta el arte como la arquitectura religiosa y, si no es así, también, porque todo lo que rodea este lugar es francamente interesante y será un lugar clave para todo lo que sucederá en adelante.

El siguiente destino será el Real Monasterio de San Juan de la Peña, en Jaca, un lugar tan espectacular como legendario y donde el inspector encontrará las claves para mantener su teorías observando los capitales del claustro.

Y aunque a este extraño peregrinaje criminal aún le quedan unos cuatros kilómetros para terminar, otra de las escalas nos llevará al Santuario de Nuestra Señora de Aránzazu, patrona de Guipuzcoa y seguiremos disfrutando de las explicaciones de Martínez, deseando tener la oportunidad de visitarlos en algún momento, porque, quizás, al igual que como policía, como guía turístico no tiene precio.

Así que no me queda más remedio que recomendarte una de las mejores novelas que he leído en mucho tiempo. Una novela que, a pesar de sus más de quinientas páginas, más que leerse, se devora. Y por mucha intención que pongas en dosificarla, para que el placer de su lectura dure más, es imposible, porque te supera, porque lo primero que sientes, nada más empezarla, es el oficio del autor a la hora de dosificar la información y no solo en lo referente a la parte policíaca, sino porque también los protagonistas esconden su propio vía crucis que nos irán mostrando en una espiral de asombro. Porque, me reitero, hay mucho oficio detrás de cada palabra escrita.

Una novela absolutamente visual, muy cinematográfica, en la que desde las primeras páginas pareces deslizarte sobre una montaña rusa de emociones, no tanto por el ritmo en que se narran los acontecimientos como por todo lo que ocurre en tan breve espacio de tiempo y que es analizado e investigado al detalle, mientras los inspectores son los encargados de ponerle una banda sonora tan atíplica como libre, en la que no faltan Bebe, Rosalía, Vanesa Martín, Los Enemigos, Ilegales, AC/DC, Antonio Vega, Sting o el maestro Sabina.


sábado, 10 de julio de 2021

LA ÚLTIMA PALOMA, de Men Marías

 

DATOS TÉCNICOS:


Título: La última paloma

Autora: Men Marías

Editorial: Planeta

Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos

ISBN: 978-84- 08-24230-7

Páginas: 544

Presentación: Tapa dura con sobrecubierta



Men Marías (Granada, 1989), seudónimo con el que firma sus libros Carmen Salinas, se licenció en Derecho para especializarse en el sector mercantil. En la actualidad trabaja como tutora de técnica literaria, novela negra y poesía en su ciudad de nacimiento y anteriormente fue columnista literaria en el periódico Granada Digital. Ha escrito numerosos cuentos, muchos de los cuales han sido premiados en distintos certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales. Debutó en la novela hace tres años con Putaka, pescados y mariscos (Traspiés, 2018) galardonada con el Premio de Novela Carmen Martín Gaite 2017 y un accésit en el Premio Torrente Ballester 2017. La última paloma, publicada el 12 de mayo de 2021 es su segunda y hasta ahora su última novela.

 

¿Y qué puedo decir de La última paloma que no se haya dicho ya? Es complicado, por no decir imposible. De hecho, llevo días preguntándomelo y no he encontrado la fórmula adecuada con la que plasmar todas las sensaciones que he ido recabando no solo durante la lectura de esta colosal novela, sino en los días sucesivos en los que he intentado reseñarla, sin éxito. Así que voy a tomar el camino más fácil, intentando comprobar que los “consejos” que la autora da a otros escritores, los ha aplicado en esta novela:



- Con la «h» de humildad:

Dice Men Marías que el escritor debe olvidarse de escribir para sí mismo, porque ha de hacerlo para el lector, para que este se sienta recompensado por el dinero gastado en su obra.

No voy a negar que el consejo es formidable, porque son unas cuantas las ocasiones, por no decir que muchas, en las que nos hemos sentido estafados después de leer un libro, si no lo hemos abandonado antes. Unas veces porque nos venden humo en las contraportadas; otras porque las tramas son infumables y la mayor parte de las veces porque la figura del corrector brilla por su ausencia. O lo parece. En La última paloma, te puedo asegurar que cada euro invertido estará más que amortizado. Es más, si te digo que la novela vale su peso en oro, por todo lo que es capaz de aportarte, no te engaño. Y pesa lo suyo.

Porque tiene una trama espectacular. Bueno, quien dice una, también puede decir media docena…; de hecho, los amantes de las etiquetas, deberían acuñar una nueva para sustituir a las típicas de “novela negra”, “thriller”, etc., que no es otra que la de “novela de tramas”, casi tantas como palomas, si no más, porque el título no es gratuito, a pesar de que la autora, en primera instancia, quiso llamarla de otra manera que no os contaré, pero que si hubieseis estado al tanto de la Lectura Simultánea que hicimos en Twitter desde #SoyYincanera, lo sabríais.

La primera de ellas, sobrecogedora como pocas, transcurre en la actualidad y gira en torno a la resolución de un crimen atroz y la amenaza de que el responsable sea un asesino en serie, con lo que ello implicaría: el de Diana Buffet, una joven de diecinueve años, estudiante de periodismo, cuyo cadáver ha aparecido tendido y con unas enormes alas cosidas a su espalda en la entrada de una casa de veraneo, ahora abandonada, que se halla junto a la verja de la Base Naval de Rota. Esto, en principio, puede sonar baladí, pero no es tal, toda vez que dada su proximidad a la verja, el lugar está vigilado por cámaras y por un helicóptero de vigilancia y, sin embargo, estas no han grabado ningún movimiento en las inmediaciones. Al mando de la investigación estará la sargento de la Guardia Civil Patria Santiago, apoyada en todo momento por el Cabo Mayor Sacha Santos.

Claro que baladí sería la explicación que algunos quieren dar a este crimen, que no es otra que achacárselo al novio de la víctima y dar carpetazo al asunto. También es cierto que el joven tiene todas las papeletas para resultar sospechoso, pero desde que el médico forense obligado a realizar el examen previo in situ del cadáver observa que no es obra de un aficionado, a tenor de lo que se ve a simple vista, a Patria no le cuadra lo que otros tienen tan claro y se percata de que la tragedia, definitivamente, se ha instalado en Rota. Y ella en eso tiene un máster. Y la realidad se materializa cuando la autopsia se hace oficial: Diana ha sufrido todo tipo de horrores siendo consciente de todo. No se trata solo de que la joven haya sido infibulada (para lo cual se requiere cierta destreza), sino de que le han extirpado los senos con un instrumento cortante y tanto los cortes como las suturas practicadas son muy precisas, propio de alguien con conocimientos quirúrgicos y mucho tiempo libre por el tiempo que ha tardado en disponer la escena.

Y por más que se empeña en convencer a su superior que todo apunta a que se encuentran ante un asesino en serie que en cuanto se dé cuenta de que ese crimen no le ha proporcionado el placer que esperaba, volverá a matar, este hace oídos sordos. Y no será el único que no la crea, nadie lo hará. No obstante, dado que la brújula racional de todos parece que ha perdido el norte y ha dejado de ser una herramienta eficaz, habrá que aprender a interpretar los mapas y encontrar las pistas que la ayuden a no perder el rumbo.

 

Esto dará lugar, a su vez, a dos tramas distintas: una, la de la relación sentimental que ambos picoletos mantuvieron dos años atrás -que por parte de él parece que todavía no está resuelta- y otra, que podría considerarse una investigación por sí misma, que trata sobre el inquietante pasado de Patria Santiago.

Y como ya os dije que esta era una novela de tramas, todavía quedan cabos sueltos por desenredar en esta compleja madeja que es La última paloma. Por ello, surge una nueva trama a raíz de la única pista que los investigadores pueden seguir, proporcionada por la propia víctima, que estaba investigando la extraña desaparición de una joven en la década de los cincuenta, poco después de que se construyera la Base Naval de Rota. Y, para rizar el rizo, esporádicamente asistiremos a un escalofriante relato que tiene como protagonista a un niño. 

 

Pero también vale su peso en oro porque los personajes son canelita en rama. Y no es que sean cuatro, ni siete, ni diez. Son cantidad de ellos, hasta el punto en que yo, tan aficionada como soy a hacer amagos de dramatis personae de la mayoría de las novelas que reseño, con esta me he sentido incapaz, para no morir en el intento. Por tantos como son, por el peso que tienen en la historia que se nos narra y por el esmero y la pulcritud con que están descritos cada uno de ellos, hasta el punto de que los crees reales, casi viejos conocidos. Es cierto que el peso de la trama, por razones obvias, recae sobre los dos guardias civiles responsables de la investigación y quienes, a pesar de sus diferencias, parecen formar el binomio perfecto sobre todo porque nos urge, como si nos fuese la vida en ello, resolver ese crimen inicial que nos desquicia, ayudando a ello el modo en que está narrada la novela (en primera persona, cada uno desde su perspectiva para de esa manera hacernos partícipes de cómo sienten y perciben lo que ocurre a su alrededor, de los derroteros, avances y obstáculos a los que se ve sometida la investigación y de sus sentimientos y preocupaciones en el ámbito personal).

Y aunque ese binomio puede resultar perfecto para mantener la intriga por sí mismo, hay un trío que resulta ciertamente elocuente en sus silencios y por el modo en que abordan su propia existencia, cargada de aflicción e incertidumbre: el protagonizado por Inés, Diana y Patria (que repite como pareja de baile), tres mujeres de distintas generaciones con un nexo común: cada una de ellas, a su modo, utilizan el dolor físico como revulsivo para soportar el que provoca la mente, porque este último, imposible de gobernar, es insufrible. Porque La última paloma es una novela inmensa, que trata temas como el desconsuelo, el miedo, el estoicismo, el abuso en todas sus acepciones y un largo etcétera.

Aunque tampoco me quiero olvidar de algunos, como Berta y William Buffett, abuelos de la víctima. Él fue uno de los primeros marines de la Sexta Flota Americana que arribaron en la costa de Rota. Son los dueños de una pizzería, la mejor de la comarca, donde Diana echaba una mano siempre que sus estudios se lo permitían. Junto a ellos se encuentran Elsa y Curtis Black, así como su nieta Maddie. Vinieron a pasar unos días con ellos desde Prescott Valley, Arizona. Tanto Elsa, como Berta son roteñas y Curtis, como William, también era marine y amigos desde que ambos empezaron su carrera militar.

O el teniente Quintana, alias El Viejo, que perdió a su hija Belén, de tan solo seis años, en un accidente de tráfico  como consecuencia de la pérdida del líquido de frenos que sufrió su coche cuando iban camino de Madrid a una exposición canina con su cocker spaniel. La niña murió en el acto, él salió ileso, sin apenas rasguños. Desde entonces, Quintana, que poco después se divorció de su mujer, lleva a Macarrón a todas las que se celebran.

Por no hablar de Olimpia Piernavieja, una mujer instalada en unos tacones de infarto, quizás por una primigenia necesidad de hacerlo en las alturas del poder. Es la alcaldesa de Rota, aunque su prestigio le viene de cuna, ya que su padre fue un médico eminente de fama mundial. La ambición no sabemos de dónde.

Sin embargo, los personajes más emotivos serán dos hermanas: Inés y Piti, a las que conoceremos más en la línea temporal que transcurre a partir de 1953. Y junto a ellas, a sus padres, Pepe el Mayeto, una persona digamos que indescriptible, y Rosario.

 

Y lógicamente, esta novela vale su peso en oro por los escenarios donde transcurre la acción. Un escenario con banda sonora:



-¿Qué van a hacer de tu mar?

¿Qué en tus campos van a hacerte?

-Un camino militar,

Un puerto para la muerte.


En ella, Men Marías nos acerca a Rota, la preciosa localidad gaditana en la que se desarrolla la trama. La conoceremos en dos épocas distintas: la actualidad, que transcurre a lo largo de dieciséis días (del 2 al 18 de mayo de 1019, aunque al final asistiremos a un epílogo que transcurre dos meses después) y seis décadas antes, concretamente a partir de 1953, cuando descubrimos a una Inés niña, a sus padres y hermana y, a su vez, a una ciudad que da un giro de ciento ocho grados cuando la Base Naval, construida a tenor de los Pactos de Madrid (Acuerdos de Amistad Hispano-Norteamericanos firmados en abril de ese mismo año) se materializa tres años después con la llegada de los primeros marines de la Sexta Flota de los Estados Unidos.

Y la impresión nos dejará perplejos, más allá del oficio de la autora por describirnos estos lugares, me gustaría destacar el modo en que contextualiza el momento histórico, recogido la mayoría de las veces de anécdotas que le han ido contando a la autora muchos de los roteños a los que ha podido entrevistar para acercarnos una realidad prácticamente desconocida para la gran mayoría y, en particular, esa extraña convivencia hispano-norteamericana que, aparentemente, dotaba a la localidad de cierta pátina de cosmopolitismo, pero que realmente distaba mucho de lo que nos pretendían hacer ver. Si acaso, la parte más “benévola” del asunto radicó en la economía de la zona, hasta entonces paupérrima (sin diferir gran cosa con la del resto del país), pero que con el trasiego de marines con las billeteras llenas, más el trabajo adicional que se generó en la zona, primero con la construcción de la Base Naval y después con los puestos de trabajo que se crearon, creció exponencialmente.

- Con la «h» de honestidad:

Dice Men Marías que lo que escribes no deja de ser un borrador y que el escritor tiene que seguir puliéndolo, hasta que sienta que lo escrito es justo y le ha hecho daño.

Yo no tengo dudas en que esto ha ocurrido con La última paloma porque, si algo he tenido claro como lectora es que el proceso escritural de esta novela ha debido ser arduo y ese deleite intelectual de escribir trasciende al lector, teniendo en cuenta que la trama es fascinante y sin fisuras, que los personajes son una delicia en su construcción y el escenario una metáfora en sí mismo, porque nunca la Costa de la Luz se nos ofreció de una forma tan oscura y sombría.

Y ese pulimento también es obvio en el estilo de la novela, complejo e innovador en muchos sentidos, con un lenguaje sencillo y a la vez depurado, elaborado cuidadosamente, porque todas las palabras tienen su razón de ser y de estar, están deliciosamente elegidas tanto cuando se persigue una situación intensa como otra distendida, porque la prosa, armónica y precisa, parece actuar como ese mar que baña la costa gaditana, trasladando olas de placentera belleza al lector.

Destaca, sobre todo, la narración coral en primera persona. Sacha y Patria se irán turnando para relatarnos los acontecimientos que se desarrollan en la actualidad, pero cuando nos trasladamos al pasado, tomarán el relevo otros. Entenderemos entonces que la sombra del pasado es alargada, pero también la mejor herramienta para descubrir la propia identidad y dar verosimilitud al presente.

Y mientras, disfrutarás de una novela sublime que cuando llega al desenlace te cogerá prácticamente levitando. Palabrita de yincanera.



Esta reseña participa en la iniciativa:


 






Apartado: Made in Spain

La acción transcurre en un ambiente rural

 


martes, 22 de junio de 2021

PASTORES DEL MAL, de Félix García Hernán



DATOS TÉCNICOS:

Título: PASTORES DEL MAL

Autor: Félix García Hernán

Editorial: Alrevés

ISBN: 978-84-17847-61-6

Páginas: 390

Presentación: Rústica con solapas



Félix García Hernán (Madrid, 1955), cursó Derecho en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Sin embargo, ha dedicado su vida a su auténtica vocación: la hostelería. Partiendo desde muy abajo, ha llegado a dirigir los establecimientos más emblemáticos de Madrid, como el Hotel Villa Real, el Urban y el Only You. Ha formado parte del Consejo de Administración de la asociación Small Luxury Hotels of the World y es miembro de la Junta Directiva y censor de cuentas de la Asociación Empresarial Hotelera de Madrid.

Pastores del mal es su quinta novela y la segunda que publica con la Editorial Alrevés. La anterior, Cava dos fosas (2020), obtuvo el premio Estandarte.com al autor revelación del año y fue  finalista en el premio Negra y mortal a la mejor novela negra en español, por ser considerada como «uno de esos libros donde la mano del autor hace que sea muy fácil de leer, pero difícil de olvidar», si bien es cierto que todo esto después de haber recibido una encendida acogida por parte de público y crítica.

Y dentro de ese público entregado a la novela, nos encontrábamos nosotros, los integrantes de la iniciativa #SoyYincanera, que caímos rendidos ante su narrativa, su estilo y su trama y devoramos la novela como si no hubiese un mañana. Nos enamoramos de sus protagonistas y lamentamos la baja de algunos, porque todos los personajes, incluso los indeseables, eran inmensos. Por ello, en cuanto supimos que había continuación de la novela, contamos los días para tener la siguiente entre nuestras manos, para volver a disfrutar de ellos y con ellos y con la prosa de Félix García Hernán, que se convirtió en un escritor de referencia para nosotros.

Y lo primero que conocimos, antes de tener físicamente el libro, fue su título, tan evocador o más que el de la anterior que, curiosamente, aludía a la célebre frase de Confucio: “Antes de comenzar un viaje de venganza, cava dos fosas”.  Pues bien, si fuerte me pareció el primero en su día por sus connotaciones con la trama, este segundo me provocó cierto estremecimiento, porque teniendo en cuenta que el término “pastor” suele apuntar claramente a un concepto religioso que aparece en  muchas citas bíblicas, la figura del Buen Pastor (en el Antiguo Testamento como advocación aplicada a Dios y en el Nuevo Testamento a Jesucristo), el que el título mencionase justo lo contrario; es decir, Pastores del mal, no hacía presagiar nada bueno. Algo más que obvio que se corrobora tras leer las primeras páginas del libro, en las que te describen una escena aterradora que deja patente la deriva a la que nos vamos a enfrentar. Y te viene a la cabeza aquello de que cuando dejamos que los lobos sean los pastores, la tragedia es inapelable. Y si las ovejas son niños, estamos hablando de los crímenes más abyectos que se pueda uno imaginar.

Sin embargo, cuando tuve el libro entre mis manos por primera vez, antes de empezar a leerlo, sentí cierta zozobra, pues no tenía muy claro si el autor habría sido capaz, no ya de  superar –eso ni me lo planteé-, sino de estar a la altura de lo narrado en Cava dos fosas. Me venía a la mente aquel famoso aforismo de Schiller: «No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas», porque claro, podía entender perfectamente que su primera novela con Alrevés hubiese sido su obra cumbre, una novela largamente meditada, hilada con mimo, el resultado de mucho tiempo de trabajo y dedicación ideando una historia sublime. De hecho, no sería la primera vez, ni la última, que un autor triunfase con su opera prima y luego fuese incapaz de mantener el nivel con las sucesivas. Y por ello me hice a la idea, para curarme en salud, de que no se iba a dar la casualidad de que esta novela fuese tan buena como la otra. Y, de ese modo, comencé a leer. Y nada más pasar unas pocas páginas, comencé a fibrilar, algo que no dejé de hacer hasta poco tiempo después de concluir su lectura.

Efectivamente, como os he dicho, desde que empecé a leer las primeras páginas de Pastores del mal, comencé a fibrilar emocionalmente. Una tormenta de inquietudes se desató en mi cerebro, repercutiendo en otros órganos cuando las fibras musculares empezaron a contraerse, llegando al paroxismo.

Podría contaros que la razón fue la primera escena con la que comienza la novela y en la que descubrimos al padre Damián Isún. Un personaje que se nos presenta como si estuviese viviendo una auténtica pesadilla sin saber que esta iba a producirse pocas horas después. Cuando llega a su casa, en estado febril y con un aspecto deplorable, intenta cenar, pero no puede, tiene los nervios desatados por la abominable situación que lleva viviendo desde hace dos meses como consecuencia de unas pesquisas que ha estado realizando y que le han llevado no solo al desaliento más categórico, sino a cuestionarse su propia fe. El caso es que a la mañana siguiente, cuando se despierta, descubre en su cama el cadáver desnudo de Oriol Recasens, uno de sus alumnos, acompañado de unas fotos de ambos en actitud cariñosa y un rosario propiedad del cura alrededor del cuello. Su estupor no tiene límites, porque lo que ello implica deja a la escena de la cabeza de caballo de El padrino, de Mario Puzo, en un juicio de faltas en comparación con esta.

Pero no, esa no fue la razón de mi fibrilación emocional, sino solo el detonante.

 

Podría contaros, también, que la razón fue el reencontrarme con tres viejos conocidos, por no llamar amigos, porque suena muy pretencioso. Tres personajes que prácticamente me enamoraron en Cava dos fosas y de los que deseaba volver a tener noticias: Javier Gallardo, Raúl Olaya y mosén Estanis. Unos personajes que, si todavía no conocéis y os declaráis amantes de la novela negra, es que sois unos inconscientes o algo peor, porque debería estar tipificado como delito ignorarlos de esa manera.

El primero, Javier Gallardo, de cincuenta y cinco años, que renunció a su trabajo como comisario principal del Cuerpo Nacional de Policía meses atrás, ahora dedica su tiempo a escribir una novela en la que plasmar la amarga experiencia que le supuso el ser víctima, por triplicado, de un secuestro: el propio, el de su hijo y el de su compañero y amigo. El segundo, Raúl Olaya, es inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía. Es minucioso y tenaz, virtudes que parece haber heredado de su maestro, aunque posee unas cuantas más que serán vitales en esta historia. Además es leal por definición. El tercero, mosén Estanis, que sigue siendo el sacerdote de las ocho iglesias románicas de la Vall de Boí. Fue decisivo meses atrás en la resolución del secuestro de Gallardo, por eso no tiene ningún reparo en pedirles ayuda cuando su mentor y amigo, el padre Damián Isún se ve envuelto en asesinato sobrecogedor.

Pero no, esa no fue la razón de mi fibrilación emocional, porque a esta lista habría que añadir muchos otros personajes, taimados, maquiavélicos, perversos, de todo tipo y condición, de esos que si hubiese una escala Richter de la maldad, la reventarían, porque están tan bien perfilados, es tan nítida su encarnación que son capaces de llevarte al encono y la aversión más absoluta.

 

Podría contaros, igualmente, que la razón podría estribar en que desde que leí Cava dos fosas, me cautivo el estilo de Félix García Hernán y ya supe de antemano que tenía que leer esta novela. Su prosa os cautivará, porque es directa, adictiva, sin dobleces ni grandilocuencia, pero, sobre todo, os atrapará por su pulso vertiginoso mientras os pasea de Madrid, a Barcelona, pasando por Valencia o Calatañazor, París o Roma, para acabar cruzando el charco y arribando en Nueva York o Wisconsin, sin salir de casa y sin PCR previo.

Pero no, esa no fue la razón de mi fibrilación emocional, porque ya conocía de antemano el talento narrativo del autor.

 

Podría contaros, entonces, que la razón radica en su trama, perfectamente urdida y que tiene su razón de ser en el título del libro, porque mejor elegido, imposible. Porque Pastores del mal trata sobre uno de los crímenes más abyectos que se pueden cometer: la pederastia. Pero no se queda ahí. A lo largo de sus casi cuatrocientas páginas vamos a ser testigos de cómo la corrupción institucional campa a sus anchas y en nombre de semejante aberración se crea una organización mercantil internacional que a modo de holding controla el negocio desde Nueva York. La dirige su obispo: John Dawkins, uno de los miembros más reputados de la Iglesia. La “delegación” española no es más que un simple tentáculo, pero las pesquisas del padre Damián Isún pueden hacer tambalearse el imperio si no se toman medidas de excepción. Y se toman, claro.

Cuando el padre Isún relata a los policías el devenir de su investigación, estos toman conciencia de que tienen que mantenerse al margen de la investigación oficial para poder ayudarle, pues hay demasiada gente influyente y poderosa implicada en la organización. El sacerdote deberá entregarse a las autoridades y dejar que la maquinaria judicial siga su curso mientras ellos trabajan en la sombra. Será un sindiós, pero merece la pena, os lo aseguro.

Pero no, esa no fue la razón de mi fibrilación emocional, porque Félix García Hernán es un experto a la hora de exponer la denuncia social y hacerlo ameno sacándote de quicio a la vez por lo tremendo de las situaciones que narra, sin necesidad de recurrir al morbo ni recreándose con escenas sórdidas.

Así que, habiendo sopesado todos los escenarios posibles, os voy a contar qué es lo que me hizo fibrilar emocionalmente:

Solo llevaba leídas unas pocas páginas. El padre Isún salía huyendo de su casa dejando el cadáver de Oriol Recasens sobre la cama para pedir ayuda a su amigo y discípulo mosén Estanis. La situación era crítica, estaba claro, porque todo apuntaba a que Isún tenía pocas posibilidades de salir bien parado. Estanis decide, entonces, llamar a Javier Gallardo y Raúl Olaya, a quienes había conocido como consecuencia del secuestro del primero y quienes, en su día, le ofrecieron su ayuda en caso de que un día se encontrase en apuros. Estaba claro que el día había llegado.

Y cuando se encuentran y analizan la situación, comprenden que esa ayuda solo pasa por actuar desde la sombra. Gallardo ya no es policía, ha abandonado el cuerpo hace meses y aunque Olaya sigue en él, ambos saben, mejor que nadie, que a lo que se enfrentan está muy por encima de sus posibilidades. Y eso que todavía no saben hasta que niveles.

Y eso lo percibes tú como lector y, al menos yo, me preguntaba, ¿qué necesidad tiene el autor de complicarse tanto la vida? Podría haber escrito una novela sublime sin haberse limitado tanto, sin ponerse a sí mismo palos en las ruedas. Simplemente, con que hubiese buscado alguna argucia como que el caso pudiese haber recaído en Olaya y que este hubiese podido contar con la colaboración externa del ex comisarío habría servido, porque hubiese contado con toda la maquinaria y medios que la Policía Nacional le habría proporcionado y, sin embargo, ha cogido el camino más difícil. Y me iba agobiando a medida que la investigación se desarrollaba, a medida que las trabas eran mayores y no parecía haber solución de continuidad. Por otro lado, el tema que trata la novela es tan sórdido, tan horrible, que la necesidad de que las pesquisas prosperasen era vital, porque por mucha advertencia de que todo esto es producto de la imaginación del autor, tú sabes que es más real que todas las cosas, porque este tipo de casos son más comunes incluso de lo que pensamos.

Y entonces dejas de fibrilar, porque Félix García Hernán no solo consigue sus propósitos, sino que te deja con una sensación de que incluso el crimen más horrendo, como es el de la pederastia, puede tener respuesta porque siempre habrá hombres como Gallardo y Olaya dispuestos no solo a restablecer el orden, sino a renovar la ilusión rota rehabilitando la apariencia que unos bárbaros, supuestos defensores de la moral, habían destruido simplemente para saciar sus bajos instintos. Y lo hace con oficio, con mucho oficio. Palabrita de yincanera.

  

Esta reseña participa en la iniciativa:







Apartado: Todo es posible en América

La corrupción es el tema dominante.


lunes, 14 de junio de 2021

NENÚFARES NEGROS, de Michel Bussi


DATOS TÉCNICOS:

Título: NENÚFARES NEGROS

Título original: Nymphéas noirs

Autor: Michel Bussi

Traductora: Ana Romeral

Editorial: HarperCollins

Colección: Noir

ISBN: 978-84-9139-614-7

Páginas: 400

Presentación: Rústica con solapas


 

Michel Bussi (1965) es politólogo y profesor de geografía en la Universidad de Rouen. Su primera novela, Nenúfares negros, se convirtió en la novela negra francesa más vendida en su país en 2011 (en España ha sido publicada en mayo de este mismo año), y obtuvo los premios Prix du Polar Méditerranéen, Prix Polar Michel Lebrun de la 25e Heure du Livre du Mans, Prix des Lecteurs du Festival Polar de Cognac, Grand Prix Gustave Flaubert y el Prix Goutte de Sang d’Encre de Vienne. Un avión sin ella, su segunda novela, ha sido galardonada con el Prix de la Presse 2012. También ha publicado en español No lo olvides jamás y Mamá no dice la verdad.

 

Resulta curioso, como poco, una vez visto el palmarés literario de Michel Bussi, pensar que una novela como la que hoy quiero reseñar, se haya publicado en nuestro país once años después de haberlo sido en el suyo propio once años antes, sobre todo cuando viene avalada por cinco premios a cual más prestigioso. No lo entiendo, os lo aseguro… y mucho menos después de haberla leído. Una novela que ya solo por el título llama la atención de cualquiera, pero que si el añades el subtítulo, ¿Qué se oculta en Giverny, el pueblo de Monet? Te remata. Y, por si fuera poco, con una portada de esas que te desarman.

Entonces, ¡ay de ti! como se te ocurra darle la vuelta al libro y leer la contraportada, porque, como seas un poco aficionado a la novela de misterio, policíaca o criminal, caerás rendido, porque es un reclamo perfecto. Para que te hagas una idea, este es un extracto de la sinopsis:

Esta es una historia de trece días que empieza con un asesinato y termina con otro. Jérôme Morval, un hombre cuya pasión por el arte solo es superada por su pasión por las mujeres, ha aparecido muerto en el arroyo que corre por los jardines. En su bolsillo encuentran una postal de los Nenúfares de Monet con las siguientes palabras escritas:

«Once años, ¡felicidades!».

Y entonces ya solo te queda empezar a leer. Y no parar de hacerlo, sin tregua, sin descanso, hasta llegar a uno de los desenlaces más memorables e intensos que hayas leído en mucho tiempo. En serio, porque ya en la primera página la trama te enganchará, sin indulgencia. Porque, ¿Quién dijo aquello de que si un libro no te seduce en las treinta primeras páginas mejor dejarlo pasar e intentarlo con otro? No lo sé, pero no es un dilema que te vayas a plantear con este, ya que no es que te seduzca en la primera página, sino que lo hace nada más acabar la segunda frase. Y no podrás soltarlo.

El relato se inicia con la presentación de tres mujeres que no se parecen en nada, excepto que comparten el mismo lugar de nacimiento y residencia –Giverny- y un secreto que las une: la necesidad imperiosa de marcharse lejos del pueblo al que consideran una jaula con barrotes de oro, por distintos motivos, aunque con un denominador común: la pintura, pues, mientras que una posee un cuadro precioso, otra es una gran aficionada al arte y los artistas, mientras que la tercera tiene un talento especial con los pinceles:

- La primera es mala y discreta. Tiene ochenta y cuatro años, es viuda y viste siempre de negro. Vive en el Chemin du Roy, en el Moulin des Chennevieres, a orillas del Epte.

- La segunda es mentirosa y muy hermosa. Tiene treinta y seis años y está casada. Vive en un apartamento abuhardillado encima de la escuela donde ejerce como maestra en la Rue Blanche-Hoschedé-Monet.

- La tercera es egoísta, a pesar de tener apenas once años. Vive con su madre en una casa muy humilde en la Rue Château-d’Eau.

Y una vez hechas estas presentaciones, que al autor le llevan prácticamente dos páginas, arranca una historia que durará trece días, aunque quizás, para explicarlo mejor, deba hablarte de la estructura de esta novela, que podría entenderse como una singular galería pictórica:

 



- Primer cuadro: Impresiones.

80 capítulos que abarcan los trece días en los que se desarrolla la trama y prácticamente la totalidad de ella.

Comienza el día 13 de mayo de 2010 cuando, a las seis de la mañana, la primera de las mujeres de las que os he hablado antes descubre, mientras pasea, el cadáver de Jérôme Morval cerca de su casa. Tiene un corte profundo en la parte alta de la cabeza, que se encuentra sumergida en el arroyo del Epte, y otro en el corazón. Prosigue su camino, de vuelta a casa, pues sabe que, más temprano que tarde, algún turista de los miles que visitan a diario la casa y los jardines de Monet lo encontrará y avisará a la policía. Y, efectivamente, pasan unos pocos cuando se personan en el lugar el inspector Laurenç Sérénac junto a tres compañeros de la comisaría de Vernon en la que prestan servicio. Mientras el agente Louvel intenta mantener a raya a los mirones que en poco tiempo parecen haberse reproducido como setas en otoño, otro agente especialista de la Científica, Ludovic Maury, está buscando y señalizando las huellas que encuentran al lado del cadáver y sacando moldes de escayola de las mismas, mientras que el inspector Sylvio Bénavides ya está camino al pueblo para intentar recabar información sobre la víctima. Enseguida constatan que se trata de un prohombre de la ciudad, un reputado cirujano oftalmólogo con consulta en el distrito XVI de París y con residencia en una de las mejores casas de Giverny, en la Rue Claude-Monet.

Obviamente, asistiremos a una investigación más o menos formal, prácticamente hasta un falso desenlace. Y digo más o menos porque, en esta novela, el impresionismo cobra vida propia y emana tanto en el fondo como en las formas, así como en su puesta en escena y todo ello aderezado con una sensación de angustia increíble, de peligro inminente en cada página que pasas, con la certeza de que te encontrarás con lo peor en la siguiente. Ayuda a ello la narración en primera persona por parte de la primera mujer, que parece mimitizarse con el entorno y que lo sabe todo, porque todo lo ve.

 

- Segundo cuadro: Exposición

Desde el capítulo 81 al 85, apenas cincuenta páginas. Comienza el 25 de mayo de 2010, decimotercer día desde que comienza la trama, en una escena distinta con la que abandonamos la primera parte para terminar al día siguiente. Es el momento de hacer balance, de atar cabos, de recapitular, pero también de asistir asombrados a un desenlace que no imaginarías ni en sueños.

Porque solo cuando llegamos a esta parte, somos conscientes de que hemos estado metidos dentro de un cuadro impresionista en el prevalece el momento sobre la perseverancia en un instante único e irrepetible que apenas dura trece días, donde la caducidad del tiempo es decisiva y concluyente y en el que destacan sus formas imprecisas, ciertamente ambiguas, como si la idiosincrasia de los personajes, la naturaleza fortuita de la acción en la que la investigación del asesinato se lleva a puerta cerrada y una estructura desprovista aparentemente de andamiaje,  conviven en admirable concierto.

Y ya solo te queda admirar un relato fascinante por la facilidad con la que el autor ha conseguido despertar tus emociones con un desenlace final totalmente inesperado.

Por una trama absolutamente original, en la que el amor a la pintura y la admiración a Monet es incuestionable, así como por el modo en que ha sabido recrear el ambiente de Giverny y el ingenio demostrado en la manera en que, indirectamente, los personajes se involucran con la obra del genio.

 

Esta reseña participa en la iniciativa:








Apartado: Ocurrió en Europa

Una novela de un escritor/a francés o que la acción transcurra en Francia.