sábado, 10 de julio de 2021

LA ÚLTIMA PALOMA, de Men Marías

 

DATOS TÉCNICOS:


Título: La última paloma

Autora: Men Marías

Editorial: Planeta

Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos

ISBN: 978-84- 08-24230-7

Páginas: 544

Presentación: Tapa dura con sobrecubierta



Men Marías (Granada, 1989), seudónimo con el que firma sus libros Carmen Salinas, se licenció en Derecho para especializarse en el sector mercantil. En la actualidad trabaja como tutora de técnica literaria, novela negra y poesía en su ciudad de nacimiento y anteriormente fue columnista literaria en el periódico Granada Digital. Ha escrito numerosos cuentos, muchos de los cuales han sido premiados en distintos certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales. Debutó en la novela hace tres años con Putaka, pescados y mariscos (Traspiés, 2018) galardonada con el Premio de Novela Carmen Martín Gaite 2017 y un accésit en el Premio Torrente Ballester 2017. La última paloma, publicada el 12 de mayo de 2021 es su segunda y hasta ahora su última novela.

 

¿Y qué puedo decir de La última paloma que no se haya dicho ya? Es complicado, por no decir imposible. De hecho, llevo días preguntándomelo y no he encontrado la fórmula adecuada con la que plasmar todas las sensaciones que he ido recabando no solo durante la lectura de esta colosal novela, sino en los días sucesivos en los que he intentado reseñarla, sin éxito. Así que voy a tomar el camino más fácil, intentando comprobar que los “consejos” que la autora da a otros escritores, los ha aplicado en esta novela:



- Con la «h» de humildad:

Dice Men Marías que el escritor debe olvidarse de escribir para sí mismo, porque ha de hacerlo para el lector, para que este se sienta recompensado por el dinero gastado en su obra.

No voy a negar que el consejo es formidable, porque son unas cuantas las ocasiones, por no decir que muchas, en las que nos hemos sentido estafados después de leer un libro, si no lo hemos abandonado antes. Unas veces porque nos venden humo en las contraportadas; otras porque las tramas son infumables y la mayor parte de las veces porque la figura del corrector brilla por su ausencia. O lo parece. En La última paloma, te puedo asegurar que cada euro invertido estará más que amortizado. Es más, si te digo que la novela vale su peso en oro, por todo lo que es capaz de aportarte, no te engaño. Y pesa lo suyo.

Porque tiene una trama espectacular. Bueno, quien dice una, también puede decir media docena…; de hecho, los amantes de las etiquetas, deberían acuñar una nueva para sustituir a las típicas de “novela negra”, “thriller”, etc., que no es otra que la de “novela de tramas”, casi tantas como palomas, si no más, porque el título no es gratuito, a pesar de que la autora, en primera instancia, quiso llamarla de otra manera que no os contaré, pero que si hubieseis estado al tanto de la Lectura Simultánea que hicimos en Twitter desde #SoyYincanera, lo sabríais.

La primera de ellas, sobrecogedora como pocas, transcurre en la actualidad y gira en torno a la resolución de un crimen atroz y la amenaza de que el responsable sea un asesino en serie, con lo que ello implicaría: el de Diana Buffet, una joven de diecinueve años, estudiante de periodismo, cuyo cadáver ha aparecido tendido y con unas enormes alas cosidas a su espalda en la entrada de una casa de veraneo, ahora abandonada, que se halla junto a la verja de la Base Naval de Rota. Esto, en principio, puede sonar baladí, pero no es tal, toda vez que dada su proximidad a la verja, el lugar está vigilado por cámaras y por un helicóptero de vigilancia y, sin embargo, estas no han grabado ningún movimiento en las inmediaciones. Al mando de la investigación estará la sargento de la Guardia Civil Patria Santiago, apoyada en todo momento por el Cabo Mayor Sacha Santos.

Claro que baladí sería la explicación que algunos quieren dar a este crimen, que no es otra que achacárselo al novio de la víctima y dar carpetazo al asunto. También es cierto que el joven tiene todas las papeletas para resultar sospechoso, pero desde que el médico forense obligado a realizar el examen previo in situ del cadáver observa que no es obra de un aficionado, a tenor de lo que se ve a simple vista, a Patria no le cuadra lo que otros tienen tan claro y se percata de que la tragedia, definitivamente, se ha instalado en Rota. Y ella en eso tiene un máster. Y la realidad se materializa cuando la autopsia se hace oficial: Diana ha sufrido todo tipo de horrores siendo consciente de todo. No se trata solo de que la joven haya sido infibulada (para lo cual se requiere cierta destreza), sino de que le han extirpado los senos con un instrumento cortante y tanto los cortes como las suturas practicadas son muy precisas, propio de alguien con conocimientos quirúrgicos y mucho tiempo libre por el tiempo que ha tardado en disponer la escena.

Y por más que se empeña en convencer a su superior que todo apunta a que se encuentran ante un asesino en serie que en cuanto se dé cuenta de que ese crimen no le ha proporcionado el placer que esperaba, volverá a matar, este hace oídos sordos. Y no será el único que no la crea, nadie lo hará. No obstante, dado que la brújula racional de todos parece que ha perdido el norte y ha dejado de ser una herramienta eficaz, habrá que aprender a interpretar los mapas y encontrar las pistas que la ayuden a no perder el rumbo.

 

Esto dará lugar, a su vez, a dos tramas distintas: una, la de la relación sentimental que ambos picoletos mantuvieron dos años atrás -que por parte de él parece que todavía no está resuelta- y otra, que podría considerarse una investigación por sí misma, que trata sobre el inquietante pasado de Patria Santiago.

Y como ya os dije que esta era una novela de tramas, todavía quedan cabos sueltos por desenredar en esta compleja madeja que es La última paloma. Por ello, surge una nueva trama a raíz de la única pista que los investigadores pueden seguir, proporcionada por la propia víctima, que estaba investigando la extraña desaparición de una joven en la década de los cincuenta, poco después de que se construyera la Base Naval de Rota. Y, para rizar el rizo, esporádicamente asistiremos a un escalofriante relato que tiene como protagonista a un niño. 

 

Pero también vale su peso en oro porque los personajes son canelita en rama. Y no es que sean cuatro, ni siete, ni diez. Son cantidad de ellos, hasta el punto en que yo, tan aficionada como soy a hacer amagos de dramatis personae de la mayoría de las novelas que reseño, con esta me he sentido incapaz, para no morir en el intento. Por tantos como son, por el peso que tienen en la historia que se nos narra y por el esmero y la pulcritud con que están descritos cada uno de ellos, hasta el punto de que los crees reales, casi viejos conocidos. Es cierto que el peso de la trama, por razones obvias, recae sobre los dos guardias civiles responsables de la investigación y quienes, a pesar de sus diferencias, parecen formar el binomio perfecto sobre todo porque nos urge, como si nos fuese la vida en ello, resolver ese crimen inicial que nos desquicia, ayudando a ello el modo en que está narrada la novela (en primera persona, cada uno desde su perspectiva para de esa manera hacernos partícipes de cómo sienten y perciben lo que ocurre a su alrededor, de los derroteros, avances y obstáculos a los que se ve sometida la investigación y de sus sentimientos y preocupaciones en el ámbito personal).

Y aunque ese binomio puede resultar perfecto para mantener la intriga por sí mismo, hay un trío que resulta ciertamente elocuente en sus silencios y por el modo en que abordan su propia existencia, cargada de aflicción e incertidumbre: el protagonizado por Inés, Diana y Patria (que repite como pareja de baile), tres mujeres de distintas generaciones con un nexo común: cada una de ellas, a su modo, utilizan el dolor físico como revulsivo para soportar el que provoca la mente, porque este último, imposible de gobernar, es insufrible. Porque La última paloma es una novela inmensa, que trata temas como el desconsuelo, el miedo, el estoicismo, el abuso en todas sus acepciones y un largo etcétera.

Aunque tampoco me quiero olvidar de algunos, como Berta y William Buffett, abuelos de la víctima. Él fue uno de los primeros marines de la Sexta Flota Americana que arribaron en la costa de Rota. Son los dueños de una pizzería, la mejor de la comarca, donde Diana echaba una mano siempre que sus estudios se lo permitían. Junto a ellos se encuentran Elsa y Curtis Black, así como su nieta Maddie. Vinieron a pasar unos días con ellos desde Prescott Valley, Arizona. Tanto Elsa, como Berta son roteñas y Curtis, como William, también era marine y amigos desde que ambos empezaron su carrera militar.

O el teniente Quintana, alias El Viejo, que perdió a su hija Belén, de tan solo seis años, en un accidente de tráfico  como consecuencia de la pérdida del líquido de frenos que sufrió su coche cuando iban camino de Madrid a una exposición canina con su cocker spaniel. La niña murió en el acto, él salió ileso, sin apenas rasguños. Desde entonces, Quintana, que poco después se divorció de su mujer, lleva a Macarrón a todas las que se celebran.

Por no hablar de Olimpia Piernavieja, una mujer instalada en unos tacones de infarto, quizás por una primigenia necesidad de hacerlo en las alturas del poder. Es la alcaldesa de Rota, aunque su prestigio le viene de cuna, ya que su padre fue un médico eminente de fama mundial. La ambición no sabemos de dónde.

Sin embargo, los personajes más emotivos serán dos hermanas: Inés y Piti, a las que conoceremos más en la línea temporal que transcurre a partir de 1953. Y junto a ellas, a sus padres, Pepe el Mayeto, una persona digamos que indescriptible, y Rosario.

 

Y lógicamente, esta novela vale su peso en oro por los escenarios donde transcurre la acción. Un escenario con banda sonora:



-¿Qué van a hacer de tu mar?

¿Qué en tus campos van a hacerte?

-Un camino militar,

Un puerto para la muerte.


En ella, Men Marías nos acerca a Rota, la preciosa localidad gaditana en la que se desarrolla la trama. La conoceremos en dos épocas distintas: la actualidad, que transcurre a lo largo de dieciséis días (del 2 al 18 de mayo de 1019, aunque al final asistiremos a un epílogo que transcurre dos meses después) y seis décadas antes, concretamente a partir de 1953, cuando descubrimos a una Inés niña, a sus padres y hermana y, a su vez, a una ciudad que da un giro de ciento ocho grados cuando la Base Naval, construida a tenor de los Pactos de Madrid (Acuerdos de Amistad Hispano-Norteamericanos firmados en abril de ese mismo año) se materializa tres años después con la llegada de los primeros marines de la Sexta Flota de los Estados Unidos.

Y la impresión nos dejará perplejos, más allá del oficio de la autora por describirnos estos lugares, me gustaría destacar el modo en que contextualiza el momento histórico, recogido la mayoría de las veces de anécdotas que le han ido contando a la autora muchos de los roteños a los que ha podido entrevistar para acercarnos una realidad prácticamente desconocida para la gran mayoría y, en particular, esa extraña convivencia hispano-norteamericana que, aparentemente, dotaba a la localidad de cierta pátina de cosmopolitismo, pero que realmente distaba mucho de lo que nos pretendían hacer ver. Si acaso, la parte más “benévola” del asunto radicó en la economía de la zona, hasta entonces paupérrima (sin diferir gran cosa con la del resto del país), pero que con el trasiego de marines con las billeteras llenas, más el trabajo adicional que se generó en la zona, primero con la construcción de la Base Naval y después con los puestos de trabajo que se crearon, creció exponencialmente.

- Con la «h» de honestidad:

Dice Men Marías que lo que escribes no deja de ser un borrador y que el escritor tiene que seguir puliéndolo, hasta que sienta que lo escrito es justo y le ha hecho daño.

Yo no tengo dudas en que esto ha ocurrido con La última paloma porque, si algo he tenido claro como lectora es que el proceso escritural de esta novela ha debido ser arduo y ese deleite intelectual de escribir trasciende al lector, teniendo en cuenta que la trama es fascinante y sin fisuras, que los personajes son una delicia en su construcción y el escenario una metáfora en sí mismo, porque nunca la Costa de la Luz se nos ofreció de una forma tan oscura y sombría.

Y ese pulimento también es obvio en el estilo de la novela, complejo e innovador en muchos sentidos, con un lenguaje sencillo y a la vez depurado, elaborado cuidadosamente, porque todas las palabras tienen su razón de ser y de estar, están deliciosamente elegidas tanto cuando se persigue una situación intensa como otra distendida, porque la prosa, armónica y precisa, parece actuar como ese mar que baña la costa gaditana, trasladando olas de placentera belleza al lector.

Destaca, sobre todo, la narración coral en primera persona. Sacha y Patria se irán turnando para relatarnos los acontecimientos que se desarrollan en la actualidad, pero cuando nos trasladamos al pasado, tomarán el relevo otros. Entenderemos entonces que la sombra del pasado es alargada, pero también la mejor herramienta para descubrir la propia identidad y dar verosimilitud al presente.

Y mientras, disfrutarás de una novela sublime que cuando llega al desenlace te cogerá prácticamente levitando. Palabrita de yincanera.



Esta reseña participa en la iniciativa:


 






Apartado: Made in Spain

La acción transcurre en un ambiente rural