domingo, 31 de mayo de 2020

EL TIGRE Y LA DUQUESA, de Jordi Solé



DATOS TÉCNICOS:


Título: EL TIGRE Y LA DUQUESA
Autor: Jordi Solé
Editorial: HarperCollins
Colección: HarperCollins Thriller
ISBN: 978-84-9139-435-8
Páginas: 301
Presentación: Rústica con solapas







¿Concatenación de casualidades o casualidades encadenadas? Lo mismo me da que me da lo mismo, pero eso es lo que últimamente me está pasando a la hora de elegir los libros que leo. Y que conste que no voy con ideas preconcebidas a la hora de optar por una lectura o por otra, pero es que cada libro que abro guarda algún tipo de relación con el anterior. Os explico:

Hace unas semanas leí y reseñé Cava dos fosas, de Félix García Hernán. Creo que el título es de lo más significativo si os digo que es la puesta en escena de una venganza. Bueno, para ser exactos, la madre de todas las venganzas, porque pocas veces he leído una historia cuyo tema de fondo sea este y que esté tan bien ejecutado; es más, el título hace alusión, obviamente, a una frase atribuida a Confucio que reza así: “Antes de comenzar un viaje de venganza, cava dos fosas”. A esta historia la siguió la de Rick Hunter en El jardín de los enigmas, de Antonio Garrido y, ¡sorpresa, sorpresa!, en ella el protagonista de la misma también lleva tiempo urdiendo otra y esa misma cita de Confucio sale a colación en un momento de la trama. Por si fuera poco, en ella aparece un tigre, aparentemente asesino. ¿He dicho tigre? ¿Es muy normal que aparezcan tigres en las novelas actuales y más concretamente en dos thrillers actuales y diferentes? Porque yo, desde que hace siglos leí Los tigres de Mompracem, de Emilio Salgari (la novela que dio origen a aquella serie de televisión titulada Sandokán, el tigre de Malasia), no me había tropezado con ninguno. Y, como en el juego de la oca, ahora estoy reseñando un libro que no solo tiene al mencionado tigre, sino que también me he encontrado con que unos de los grandes personajes de esta historia, el que persigue al félido con ahínco, tiene su oficina en el mismo barrio londinense que el protagonista de El jardín de los enigmas. ¿Casualidades encadenadas o concatenación de de casualidades? Ahí lo dejo.




La inspectora Elsa Giralt está hecha unos zorros. De ser la primera de la clase ha pasado a ver cómo su marido la dejaba por su mejor amiga y su compañero quedaba tetrapléjico tras un tiroteo en el que ella cree que pudo haber hecho algo más. Demasiado castigo para alguien que no había hecho nada para merecerlo. Así que, ahora, Elsa busca el olvido –momentáneo o definitivo, lo que llegue primero– en el fondo de una botella de ginebra.

Pero la vida es caprichosa y una mala mañana, precisamente a la puerta de su casa, aparece el cadáver de una joven –un bellezón, todo sea dicho– que ha muerto con una puñalada en el costado y una sonrisa en los labios: un binomio curioso que no deja a nadie indiferente. Tampoco a Elsa, que se agarra al caso como a un clavo ardiendo, consciente de que puede ser su última oportunidad antes de ver cómo su carrera, y hasta su vida, se evaporan en la nada.

Con la ayuda inesperada de Santi –otro poli a quien no le han contado que el tipo Harry el Sucio ya no se lleva– empieza a tirar del hilo hasta descubrir que lo que parecía otro caso de violencia machista está conectado con el reciente atraco a una joyería en el que el botín superó los veinte millones de euros. Un golpe que lleva el sello inconfundible de la banda de ladrones de joyas más audaz y buscada del planeta: los veteranos de la guerra de los Balcanes mundialmente conocidos como los Pink Panthers.





Barcelona, madrugada de una tibia mañana del mes de junio. En la Plaza del Duque de Medinaceli, junto al Paseo de Colón, una joven de inapelable belleza es hallada muerta por Moha, un barrendero africano. En un principio el hombre piensa que simplemente está esperando a alguien. Lo parece por esos ojos que parecen mirar al infinito y esa media sonrisa que embellece más, si eso es posible, su rostro. O por el trolley azul eléctrico que todavía sostiene con una de sus manos. El hombre se debate en si llamar o no a su supervisor o hacerse el loco y desaparecer de la escena para que otro asuma el marrón. Y se queda perplejo cuando a los cinco minutos de hacer esa llamada se presenta en el escenario del crimen Elsa Giralt, una Mosso d'Esquadra que, casualidades de la vida, vive justo enfrente y trabaja en la comisaría de Ciutat Vella.

Poco después llega un coche patrulla, del que salen dos agentes, viejos conocidos de Giralt. No obstante, dado que ella ha llegado primero, será la que se quede con el caso, por lo que abandonan la escena. Ocurre igual con otro agente que ha escuchado el código 10-200 para que la policía acuda a un determinado lugar en la emisora de su vehículo y lo ha atendido. Se trata de Santi González, de la comisaría de Sants-Montjuic, un joven de unos treinta años, que, como ella, parece al borde del desahucio emocional: viste con ropa de calle, aunque del día anterior y tiene los ojos inyectados en sangre. Y la empatía –o la conmiseración, quien sabe-, surge entre ellos. O al menos por parte de Elsa, que ve en Santi a su alma gemela. Y él aprovecha la coyuntura para ofrecerse a trabajar en este caso con ella. Y ella le traslada la petición a su jefe, el subinspector Santacana, que acepta para ponérselo fácil a pesar del papeleo que eso puede generar, pero dadas las circunstancias por las que atraviesa su compañero, Nicolau, que se encuentra hospitalizado y tetrapléjico, quiere aprovechar el que por fin ella muestre tanto interés en trabajar con alguien.

Pero esto solo será el inicio de una historia tan extraordinaria como escalofriante. La punta del iceberg donde se concentran varias tramas, las de un grupo de personajes, no muchos, que te obligará a pasar páginas, como si no hubiera un mañana, sin poder despegarte del libro.

Porque El tigre y la duquesa es la historia de Vicky Martí, alias “la duquesa”, creída y pretenciosa a partes iguales, una beldad que ha conocido tiempos mejores, a pesar de sus veintisiete años. Claro que la muchacha es de traca, el típico personaje al que según aparece en escena coges manía de inmediato. O un poco antes. Porque tiene un carácter de armas tomar, porque utiliza a los hombres a su antojo, con el único fin de medrar, porque aborrece al resto de sus congéneres por no perseguir sus mismos propósitos. Cuando la empezamos a conocer, en las primeras páginas de la novela, trabaja de cajera en un supermercado, aunque ella preferiría estar en la sección de perfumería porque el uniforme le sentaría mejor. Tal cual suena. Se lleva fatal con sus compañeras –según ella por puritita envidia- y así todo. Excepto con Esther, la única capaz de aguantarla y buena gente.  Es obvio que lo complicado sería no sentir aversión hacia ella y estas, ya digo, son las primeras impresiones. Cuando la conoces más a fondo, todo se multiplica exponencialmente.

Recaló en ese supermercado después de mantener una relación con Roger Rovira, -hijo único y heredero de un magnate del ladrillo- con el que empezó a trabajar como secretaria, sin apenas estudios. Los problemas vinieron cuando la empresa quebró y el tipo tuvo que salir por patas del país con una orden internacional de búsqueda y captura, mientras el magnate ingresaba en prisión. Ella pensó que lo suyo en el Mercadona sería algo temporal, pero la realidad es que lleva más de ocho meses allí sin posibilidad de encontrar una salida acorde a sus intereses. Hasta que conoce a un tipo que le hace una proposición indecente que no es, precisamente, acostarse con él a cambio de un millón de dólares, aunque sí pasa por cubrirla con unos pocos millones de euros si sigue al pie de la letra un plan maquiavélico.

Lógicamente, también es la historia de Elsa Giralt, una Mosso d'Esquadra que no pasa por su mejor momento; de hecho, entre otras opciones baraja a menudo el pegarse un tiro en la boca, sin ir más lejos, tras la última curda. Y es que la vida parece haberse cebado con ella en los últimos tiempos. Resulta que su compañero, Nicolau, se ha quedado tetrapléjico por culpa de un malnacido que se cruzó en el camino de ambos y ella se culpabiliza de lo que pasó en el tiroteo. Y, por si fuera poco, su marido, Jordi, se ha liado con con Emma Solá, su mejor amiga, que ahora está embarazada. Los tres trabajan en la misma comisaría, para irlo llevando y no precisamente bien, porque todo ha ocurrido a la vez.

También es la de Harry Cranston, un investigador de seguros con una hoja de servicios impecable. Excéntrico, sí, pero, a sus sesenta años, todavía es capaz de ahorrarle millones a sus clientes cuando de pólizas fraudulentas se trata. Por eso no es de extrañar que John Thaw, miembro de la cúpula de la segunda compañía de seguros del mundo con sede en Londres –Berkshire Hathaway Inc.- se ponga en contacto con él para que investigue el atraco a un establecimiento de Barcelona, cuya póliza asciende a veinte millones de euros. Un atraco en el que no caben dudas con respecto a su autoría porque lleva la firma de los Pink Panthers, viejos conocidos de Cranston: los asaltantes tardaron un minuto escaso en llevar a cabo la operación, solo se llevaron diamantes que sabían perfectamente donde estaban, hubo muchos fuegos artificiales, pero ningún herido y algún que otro detalle más. Como siempre. Thaw no pretende dar con el botín de la manera más ortodoxa, simplemente, que el investigador mueva sus hilos y consiga encontrarlo aunque sea llegando a un pacto de reventa con los serbios.

Y es precisamente el hecho de que este atraco sea obra de los Pink Panthers lo que hace que Cranston se ponga en movimiento de inmediato. Se han convertido en una auténtica obsesión para él, hasta el punto de que en un rincón de su despacho tiene un peluche a tamaño natural de la Pantera Rosa colgada en una horca. Los conoció hace más de una década y los ha perseguido por todo el mundo. Odia al líder, Pavel Rakic, aunque Dragan Jesulic podría decirse que está a la misma altura. Así que emprende viaje a Barcelona, para entrevistarse con Sonia Miralles, la esposa del dueño y responsable de la joyería, deduciendo enseguida que por ese lado no hay nada sospechoso. 

Y, sin lugar a dudas, es la historia de Dragan Jesulic, miembro de la banda de ladrones de joyas más buscada del planeta. Alto, delgado y con buena percha y mucha clase, tiene aire de triunfador, también de canalla. Es ambas cosas. Se encuentra en Barcelona precisamente para dar un nuevo golpe, el que espera sea el último. Vive en un apartamento turístico, que cambia cada dos o tres días para no dejar rastro, mientras observa de cerca, hasta que llegue su equipo, los protocolos de seguridad y las rutinas de los empleados de la joyería que pretende asaltar. Y es que a pesar de tener más dinero del que podría gastar en siete vidas, por seguridad tiene que pasar inadvertido, hasta el punto de que tampoco puede frecuentar los restaurantes –ni los corrientes ni los de lujo a los que asistían antaño- porque hay que seguir las normas al pie de letra, sin salirse del guión como condición indispensable para poder sobrevivir cuando te has creado tantos enemigos, en todo el mundo… a no ser que te cruces con una mujer que rompa tus esquemas.

Claro que aquí podría aplicarse aquello de “De aquellos polvos vienen estos lodos”, porque la historia de Dragan camina en paralelo con la de Stana y Pavel Rakic y, por extensión, a la de los Pink Panthers. La organización a la que pertenece desde sus orígenes, cuando Yugoslavia se desintegró y ellos se tomaron la “finalidad de la empresa” que acababan de fundar como un acto de protesta contra Europa, para hacerle pagar el daño causado en su país  donde más le pudiera doler y convertirse en héroes para sus compatriotas. Y lo consiguieron, golpe a golpe, que no verso a verso, porque no hay nada de poético en sus tropelías por muy espectaculares que fuesen.

Y lo peor es que esta red internacional de ladrones es real. El nombre de la banda se lo puso la policía británica y luego lo asumió la Interpol, -que a su vez creó el Pink Panther’s Project-, a raíz de un anillo de diamantes que robaron allí y que los atracadores guardaron de manera similar a la de la película La Pantera Rosa en la que un ladrón interpretado por David Niven escondía una gema en un bote de crema para afeitar. Han perpetrado más de trescientos robos, que han ido in crescendo tanto en audacia a la hora de planearlos como a nivel económico, llegando a conseguir botines de hasta cien millones de dólares. Sus miembros son auténticos criminales, algunos de ellos ex-militares y con un pasado nada recomendable, procedentes en su mayoría de Serbia y Montenegro, aunque también los hay croatas y bosnios.

Claro que, todo lo dicho, solo son unas pequeñas perlas de lo que encontrarás en la novela, porque esta mezcla de historias, dependientes unas de otras, está perfectamente urdida. Del mismo modo que la combinación de realidad y ficción se ensambla perfectamente en la estructura de la novela en un equilibrio perfecto, que en vez de agobiar al lector, le obliga a seguir leyendo, porque cada vez necesitas saber más y más.

Con un estilo preciso, en ocasiones cinematográfico, y una prosa sencilla, tanto los diálogos, como las descripciones o situaciones supuran autenticidad. Me ha parecido todo un acierto el uso del narrador omnisciente y el modo en que se intercala el presente y el pasado para mantener la intriga. De hecho, no hay nada mejor que intentar descubrir qué hay detrás de la sonrisa de un cadáver aparecido en la Plaza del Duque de Medinaceli de Barcelona para comprenderlo todo…




Posiblemente El Tigre y La Duquesa sea una de las mejores novelas policíacas que lea este año. Quienes me conocéis sabéis que no soy partidaria de hacer semejante tipo de afirmaciones y que suelo escandalizarme cuando veo a muchos hablar de haber leído “el libro del año” en enero, pero es que me ha gustado todo de ella: la trama, los personajes, la ambientación, el estilo… TODO.

Creo que Elsa Elsa Giralt ha venido para quedarse y ya la estoy esperando. También me gustaría verla colaborar con Harry Cranston, aunque no sé si Barcelona estará preparada para tanto latrocinio. Esperemos que sí. Mientras, me conformaré pensando que siempre habrá gente como Vicky, con unas ansias desmedidas por medrar en la vida y, sabiendo que eso si es factible, todo es posible.



24 comentarios:

  1. No conozco al autor, y obviamente tampoco la novela, pero por lo que cuentas hay que leerla si o si. Un beso

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  2. Hola.
    Otra más que no conocía esta novela pero menuda pinta tiene, anotada queda.
    Un saludo.

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  3. Pues habrá que seguirle la pista al autor. Pinta muy bien la novela.
    Un beso.

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  4. ya solo con que me digas que quizá sea la novela policíaca mejor que has leído de este año merece que la anote.
    Besos.

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  5. Me encantó la novela y veo que coincidimos. Recomendable 100%

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  6. Hola! Me encantó lo que contaste de esta novela, me gustan mucho este tipo de libros, así que intentaré leerlo.
    Por cierto, me encanta el inicio de la entrada jajajaja creo que suele pasar mucho, parece que cuando lees sobre una cosa y te gusta, después encuentras referencias en muchos otros sitios.
    Un beso desde La biblioteca de Ana

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  7. Hola, ni siquiera he oído hablar de la novela y con ese título posiblemente ni la hubiera mirado dos veces, pero con esa reseña como para no llevársela. Besinos

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  8. Hola, no conocía la novela y creo que ésta no es para mí ya que no es mi tipo de lectura.

    Besos desde Promesas de Amor, nos leemos.

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  9. ¡Hola, cielo!

    Qué bueno que te hayas encontrado con esta historia. Creo que si yo me encontrara con tantas similitudes me quedaría en shock, jajaja. Y eso que me encanta hallar escenas parecidas, sobre todo en pelis.

    En fin, ¡Parece que a pesar de no creer en ello encontraste tu lectura del año! ¿Lo será o vendrán mejores? ¡Vaya a saber!

    Besotes.

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  10. ¡Hola!
    ¿Concatenación de casualidades o casualidades encadenadas? Pues de un tiempo para acá como que no creo mucho en las casualidades :))
    Definitivamente otro libro que me toca anotar, imposible pasar de largo después de leer semejante reseña.
    El Tigre y La Duquesa definitivamente no lo conocía y si me guío solo por el título, la verdad es que ni atención le presto :)
    Ni modo, los pendientes seguirán creciendo y creciendo ;)
    Un besote y gracias por esta tremenda entrada.

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  11. hola guapa, una reseña estupenda, no conocía esta novela pero siendo un thriller sin duda va a mi lista de pendientes que no para de crecer este año.

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  12. ¡Hola!

    No conocía este libro y aunque tiene buena pinta, lo cierto es que me apetece leer otros géneros, así que no sé si acabaré dándole una oportunidad.

    Un abrazo

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  13. ¡Holaa! Aunque me encantan las novelas policíacas, no me termina de llamar este libro. Aunque por lo que veo, lo has disfrutado mucho, así que me alegro^^

    ¡Nos leemos!

    XX ASH XX

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  14. ¡Hola! Ay, vi este libro cuando salió pero hubo algo que no terminó de convencerme.
    Un beso <3

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  15. Este me lo apunto si o si, que tiene muy buena pinta. Un beso.

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  16. Qué buena pinta tiene! Y no me sonaba nada de nada. Apuntadísimo me lo llevo.
    Besotes!!!

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  17. Porque siempre que leo una reseña tuya me creas la necesidad de leer la novela, no eres ya bastante persuasiva por wasap y por telefono, solo te falta regalarme la novela, o leerme la en whastsaps de voz... Me ha gustado todo lo que dices, y necesito saber que se esconde tras la sonrisa del cádaver. Así que una vez más te sales con la tuya y conocere a esa esa mosso d'esquadra.

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  18. Tigres, ladrones de joyas, Sandokan, jajaja... parecen buenos ingredientes y veo que el resultado del cocktail te ha gustado. Me llama el título cuanto menos

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