martes, 22 de junio de 2021

PASTORES DEL MAL, de Félix García Hernán



DATOS TÉCNICOS:

Título: PASTORES DEL MAL

Autor: Félix García Hernán

Editorial: Alrevés

ISBN: 978-84-17847-61-6

Páginas: 390

Presentación: Rústica con solapas



Félix García Hernán (Madrid, 1955), cursó Derecho en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Sin embargo, ha dedicado su vida a su auténtica vocación: la hostelería. Partiendo desde muy abajo, ha llegado a dirigir los establecimientos más emblemáticos de Madrid, como el Hotel Villa Real, el Urban y el Only You. Ha formado parte del Consejo de Administración de la asociación Small Luxury Hotels of the World y es miembro de la Junta Directiva y censor de cuentas de la Asociación Empresarial Hotelera de Madrid.

Pastores del mal es su quinta novela y la segunda que publica con la Editorial Alrevés. La anterior, Cava dos fosas (2020), obtuvo el premio Estandarte.com al autor revelación del año y fue  finalista en el premio Negra y mortal a la mejor novela negra en español, por ser considerada como «uno de esos libros donde la mano del autor hace que sea muy fácil de leer, pero difícil de olvidar», si bien es cierto que todo esto después de haber recibido una encendida acogida por parte de público y crítica.

Y dentro de ese público entregado a la novela, nos encontrábamos nosotros, los integrantes de la iniciativa #SoyYincanera, que caímos rendidos ante su narrativa, su estilo y su trama y devoramos la novela como si no hubiese un mañana. Nos enamoramos de sus protagonistas y lamentamos la baja de algunos, porque todos los personajes, incluso los indeseables, eran inmensos. Por ello, en cuanto supimos que había continuación de la novela, contamos los días para tener la siguiente entre nuestras manos, para volver a disfrutar de ellos y con ellos y con la prosa de Félix García Hernán, que se convirtió en un escritor de referencia para nosotros.

Y lo primero que conocimos, antes de tener físicamente el libro, fue su título, tan evocador o más que el de la anterior que, curiosamente, aludía a la célebre frase de Confucio: “Antes de comenzar un viaje de venganza, cava dos fosas”.  Pues bien, si fuerte me pareció el primero en su día por sus connotaciones con la trama, este segundo me provocó cierto estremecimiento, porque teniendo en cuenta que el término “pastor” suele apuntar claramente a un concepto religioso que aparece en  muchas citas bíblicas, la figura del Buen Pastor (en el Antiguo Testamento como advocación aplicada a Dios y en el Nuevo Testamento a Jesucristo), el que el título mencionase justo lo contrario; es decir, Pastores del mal, no hacía presagiar nada bueno. Algo más que obvio que se corrobora tras leer las primeras páginas del libro, en las que te describen una escena aterradora que deja patente la deriva a la que nos vamos a enfrentar. Y te viene a la cabeza aquello de que cuando dejamos que los lobos sean los pastores, la tragedia es inapelable. Y si las ovejas son niños, estamos hablando de los crímenes más abyectos que se pueda uno imaginar.

Sin embargo, cuando tuve el libro entre mis manos por primera vez, antes de empezar a leerlo, sentí cierta zozobra, pues no tenía muy claro si el autor habría sido capaz, no ya de  superar –eso ni me lo planteé-, sino de estar a la altura de lo narrado en Cava dos fosas. Me venía a la mente aquel famoso aforismo de Schiller: «No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas», porque claro, podía entender perfectamente que su primera novela con Alrevés hubiese sido su obra cumbre, una novela largamente meditada, hilada con mimo, el resultado de mucho tiempo de trabajo y dedicación ideando una historia sublime. De hecho, no sería la primera vez, ni la última, que un autor triunfase con su opera prima y luego fuese incapaz de mantener el nivel con las sucesivas. Y por ello me hice a la idea, para curarme en salud, de que no se iba a dar la casualidad de que esta novela fuese tan buena como la otra. Y, de ese modo, comencé a leer. Y nada más pasar unas pocas páginas, comencé a fibrilar, algo que no dejé de hacer hasta poco tiempo después de concluir su lectura.

Efectivamente, como os he dicho, desde que empecé a leer las primeras páginas de Pastores del mal, comencé a fibrilar emocionalmente. Una tormenta de inquietudes se desató en mi cerebro, repercutiendo en otros órganos cuando las fibras musculares empezaron a contraerse, llegando al paroxismo.

Podría contaros que la razón fue la primera escena con la que comienza la novela y en la que descubrimos al padre Damián Isún. Un personaje que se nos presenta como si estuviese viviendo una auténtica pesadilla sin saber que esta iba a producirse pocas horas después. Cuando llega a su casa, en estado febril y con un aspecto deplorable, intenta cenar, pero no puede, tiene los nervios desatados por la abominable situación que lleva viviendo desde hace dos meses como consecuencia de unas pesquisas que ha estado realizando y que le han llevado no solo al desaliento más categórico, sino a cuestionarse su propia fe. El caso es que a la mañana siguiente, cuando se despierta, descubre en su cama el cadáver desnudo de Oriol Recasens, uno de sus alumnos, acompañado de unas fotos de ambos en actitud cariñosa y un rosario propiedad del cura alrededor del cuello. Su estupor no tiene límites, porque lo que ello implica deja a la escena de la cabeza de caballo de El padrino, de Mario Puzo, en un juicio de faltas en comparación con esta.

Pero no, esa no fue la razón de mi fibrilación emocional, sino solo el detonante.

 

Podría contaros, también, que la razón fue el reencontrarme con tres viejos conocidos, por no llamar amigos, porque suena muy pretencioso. Tres personajes que prácticamente me enamoraron en Cava dos fosas y de los que deseaba volver a tener noticias: Javier Gallardo, Raúl Olaya y mosén Estanis. Unos personajes que, si todavía no conocéis y os declaráis amantes de la novela negra, es que sois unos inconscientes o algo peor, porque debería estar tipificado como delito ignorarlos de esa manera.

El primero, Javier Gallardo, de cincuenta y cinco años, que renunció a su trabajo como comisario principal del Cuerpo Nacional de Policía meses atrás, ahora dedica su tiempo a escribir una novela en la que plasmar la amarga experiencia que le supuso el ser víctima, por triplicado, de un secuestro: el propio, el de su hijo y el de su compañero y amigo. El segundo, Raúl Olaya, es inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía. Es minucioso y tenaz, virtudes que parece haber heredado de su maestro, aunque posee unas cuantas más que serán vitales en esta historia. Además es leal por definición. El tercero, mosén Estanis, que sigue siendo el sacerdote de las ocho iglesias románicas de la Vall de Boí. Fue decisivo meses atrás en la resolución del secuestro de Gallardo, por eso no tiene ningún reparo en pedirles ayuda cuando su mentor y amigo, el padre Damián Isún se ve envuelto en asesinato sobrecogedor.

Pero no, esa no fue la razón de mi fibrilación emocional, porque a esta lista habría que añadir muchos otros personajes, taimados, maquiavélicos, perversos, de todo tipo y condición, de esos que si hubiese una escala Richter de la maldad, la reventarían, porque están tan bien perfilados, es tan nítida su encarnación que son capaces de llevarte al encono y la aversión más absoluta.

 

Podría contaros, igualmente, que la razón podría estribar en que desde que leí Cava dos fosas, me cautivo el estilo de Félix García Hernán y ya supe de antemano que tenía que leer esta novela. Su prosa os cautivará, porque es directa, adictiva, sin dobleces ni grandilocuencia, pero, sobre todo, os atrapará por su pulso vertiginoso mientras os pasea de Madrid, a Barcelona, pasando por Valencia o Calatañazor, París o Roma, para acabar cruzando el charco y arribando en Nueva York o Wisconsin, sin salir de casa y sin PCR previo.

Pero no, esa no fue la razón de mi fibrilación emocional, porque ya conocía de antemano el talento narrativo del autor.

 

Podría contaros, entonces, que la razón radica en su trama, perfectamente urdida y que tiene su razón de ser en el título del libro, porque mejor elegido, imposible. Porque Pastores del mal trata sobre uno de los crímenes más abyectos que se pueden cometer: la pederastia. Pero no se queda ahí. A lo largo de sus casi cuatrocientas páginas vamos a ser testigos de cómo la corrupción institucional campa a sus anchas y en nombre de semejante aberración se crea una organización mercantil internacional que a modo de holding controla el negocio desde Nueva York. La dirige su obispo: John Dawkins, uno de los miembros más reputados de la Iglesia. La “delegación” española no es más que un simple tentáculo, pero las pesquisas del padre Damián Isún pueden hacer tambalearse el imperio si no se toman medidas de excepción. Y se toman, claro.

Cuando el padre Isún relata a los policías el devenir de su investigación, estos toman conciencia de que tienen que mantenerse al margen de la investigación oficial para poder ayudarle, pues hay demasiada gente influyente y poderosa implicada en la organización. El sacerdote deberá entregarse a las autoridades y dejar que la maquinaria judicial siga su curso mientras ellos trabajan en la sombra. Será un sindiós, pero merece la pena, os lo aseguro.

Pero no, esa no fue la razón de mi fibrilación emocional, porque Félix García Hernán es un experto a la hora de exponer la denuncia social y hacerlo ameno sacándote de quicio a la vez por lo tremendo de las situaciones que narra, sin necesidad de recurrir al morbo ni recreándose con escenas sórdidas.

Así que, habiendo sopesado todos los escenarios posibles, os voy a contar qué es lo que me hizo fibrilar emocionalmente:

Solo llevaba leídas unas pocas páginas. El padre Isún salía huyendo de su casa dejando el cadáver de Oriol Recasens sobre la cama para pedir ayuda a su amigo y discípulo mosén Estanis. La situación era crítica, estaba claro, porque todo apuntaba a que Isún tenía pocas posibilidades de salir bien parado. Estanis decide, entonces, llamar a Javier Gallardo y Raúl Olaya, a quienes había conocido como consecuencia del secuestro del primero y quienes, en su día, le ofrecieron su ayuda en caso de que un día se encontrase en apuros. Estaba claro que el día había llegado.

Y cuando se encuentran y analizan la situación, comprenden que esa ayuda solo pasa por actuar desde la sombra. Gallardo ya no es policía, ha abandonado el cuerpo hace meses y aunque Olaya sigue en él, ambos saben, mejor que nadie, que a lo que se enfrentan está muy por encima de sus posibilidades. Y eso que todavía no saben hasta que niveles.

Y eso lo percibes tú como lector y, al menos yo, me preguntaba, ¿qué necesidad tiene el autor de complicarse tanto la vida? Podría haber escrito una novela sublime sin haberse limitado tanto, sin ponerse a sí mismo palos en las ruedas. Simplemente, con que hubiese buscado alguna argucia como que el caso pudiese haber recaído en Olaya y que este hubiese podido contar con la colaboración externa del ex comisarío habría servido, porque hubiese contado con toda la maquinaria y medios que la Policía Nacional le habría proporcionado y, sin embargo, ha cogido el camino más difícil. Y me iba agobiando a medida que la investigación se desarrollaba, a medida que las trabas eran mayores y no parecía haber solución de continuidad. Por otro lado, el tema que trata la novela es tan sórdido, tan horrible, que la necesidad de que las pesquisas prosperasen era vital, porque por mucha advertencia de que todo esto es producto de la imaginación del autor, tú sabes que es más real que todas las cosas, porque este tipo de casos son más comunes incluso de lo que pensamos.

Y entonces dejas de fibrilar, porque Félix García Hernán no solo consigue sus propósitos, sino que te deja con una sensación de que incluso el crimen más horrendo, como es el de la pederastia, puede tener respuesta porque siempre habrá hombres como Gallardo y Olaya dispuestos no solo a restablecer el orden, sino a renovar la ilusión rota rehabilitando la apariencia que unos bárbaros, supuestos defensores de la moral, habían destruido simplemente para saciar sus bajos instintos. Y lo hace con oficio, con mucho oficio. Palabrita de yincanera.

  

Esta reseña participa en la iniciativa:







Apartado: Todo es posible en América

La corrupción es el tema dominante.


20 comentarios:

  1. Has tardado pero el retraso ha merecido la pena, una reseña asombrosa y, a pesar de esa trama tan espantosa y de las situaciones que se viven, una novela estupenda de un gran autor que nos esta dando muchas y buenas razones para tenerlo en un lugar muy alto del escaparate literario. Besos

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  2. Ya veo que cuando tenga el ese pa ruidos voy a volver a sufrir de lo lido, de esa manera que gusta pero no. Sigo pensando que a Félix hay que leerle con el ánimo templado. Buena reseña Ana. Un beso.

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  3. Para mi Félix es un autor de esos que siempre voy a leer, me conquistó con Cava dos fosas y con esta me ha terminado de confirmar que su forma de escribir, sus tramas y sus personajes son maravillosos y siempre consigue crear adicción a su lectura, cosa que me encanta

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  4. Me ha gustado esa frase de tu reseña que dice que la anterior novela era «muy fácil de leer, pero difícil de olvidar». Lo mismo creo que sucede en esta. Se lee sola y todos y cada uno de los personajes te cautivan. Yo no leí "Cava dos fosas", pero desde luego la tengo apuntadísima.
    ¡Muy buena reseña!

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  5. Gracias por la reseña te mando un beso

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  6. Ha sido para recordar, pero no fibriles mucho que luego nos asustamos. Ha sido una lectura tremenda, se pasa mal, pero es una gozada. Yo tengo claro que seguiré a este autor. Tiene mucho talento.
    Besos

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  7. Bueno, pues fibrilando nos ha dejado tu reseña. No hace falta que diga que estoy de acuerdo contigo en todo. Ahora toca lo más duro para un lector, esperar a que aparezca un nuevo libro de este autor. Acuñando término "fibrilación emocional" ;)

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  8. Hola, una reseña fantástica, que me ha dejado con muchas ganas de leer la novela. En casa tengo Cava dos fosas aún pendiente, pero en cuanto la lea tengo claro que iré a por esta. Da gusto cuando damos con un autor que nos despierta tantas emociones. Besos.

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  9. Qué pedazo de reseña!!! Yo no he leído aún la anterior, pero tras leer ésta, sin duda la voy a leer. Porque en ésta el autor ha conseguido, como señalas que logró con la anterior, una novela muy fácil de leer, pero difícil de olvidar.
    Besotes!!!

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  10. Vaya reseña que te has marcado, Ana. Estoy de acuerdo con todo lo que cuentas en ella al cien por cien. Está claro que el autor se ha reafirmado con esta nueva novela publicada por Alrevés. Él mismo se ha puesto el listón muy alto, pero habiendo disfrutado ya con dos títulos por él ideados, estoy segura de que le será fácil superarlo. Y cuidado con tus fibrilaciones, que no queremos asustarnos.
    Besos.

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  11. Hola.
    El tema que trata me parece muy duro pero, por lo que nos cuentas, tiene pinta de ser una lectura más que entretenida pero creo que empezaré por el primero: Cava dos fosas, que ya lo tenía en pendientes.
    Un saludo.

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  12. Hola.
    Este libro lo voy a dejar pasar, no me llama mucho y ademas tengo demasiados pendientes y quiero centrarme en ellos. Gracias por la reseña.
    Nos leemos.

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  13. Si no hubiese leído la novela, ahora mismo saldría a comprarla, porque incluso ahora que te he leído me han entrado ganas de volver a leerla.

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  14. Fantástica reseña, está claro que tengo que comprar el libro porque cada vez que hago caso de tus sugerencias siempre acierto.

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  15. desde luego que se le ve interesante, anotada

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  16. Wow ooooohhh que me gusta.
    Que decirte ? Parece fuerte cruel adictiva y no he leído nada de este tipo.
    Creo animarme....quien sabe.
    Gracias y saludosbuhos! !!

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  17. Hola. La trama de Pastores del Mal es una bomba para dominar la trama, pero quien dirige la orquesta son Raúl y Javier, dos fenómenos con grandes habilidades que consigue introducirnos en su afán de que salga a la luz toda la verdad. Que gran reseña, como siempre. Felicidades. Besos.

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  18. Con todas las cosas que nos has contado tengo muy claro que voy a leer esta novela cuanto antes.

    Gracias por la reseña.

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  19. Una novela redonda donde el autor crece con sus personajes y con esa trama nada sencilla. Gran reseña, como siempre. Un beso.

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